Automovilismo

Trece años después, otro título a la vista para Alonso

El español, que venció en Sebring con el Toyota 8, está a las puertas de ganar el Mundial de Resistencia

El espectacular adelantamiento de Fernando Alonso en Sebring

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Trece años después de su último título mundial, a Fernando Alonso se le presenta la oportunidad de celebrar otra vez un campeonato. No es la Fórmula 1, que ha arrancado en Australia sin su presencia por primera vez en diecisiete años, sino el WEC. El asturiano, que fue campeón en 2006 con aquel Renault azul volador cuando tenía 25 años, tiene otro mundial a la vista con 37 años. Después de la contundente victoria que consiguió en las 1.000 Millas de Sebring la pasada madrugada junto a sus compañeros Nakajima y Buemi, puede alzar el trofeo en la próxima cita (las 6 Horas de Spa, siempre que gane y el Toyota 7 no puntúe), aunque lo lógico es que el episodio se produzca en las 24 Horas de Le Mans, la prueba que da sentido a este certamen.

En el Mundial de Resistencia, es sabido, gobierna Toyota con la misma jerarquía que Mercedes en la Fórmula 1. Alonso se ha subido al coche puntero en esta modalidad sin tradición en España, pero que está mostrando al público a la estela de su liderazgo como deportista. El asturiano ya ha amoldado sus manos y su mente a los coches cerrados, a la conducción en la noche, al tráfico incesante en la pista con vehículos de diferentes categorías e incluso a las grietas y los baches de un aeródromo militar reconvertido a pista de automovilismo como es Sebring.

En esta localidad del estado de Florida volvió a dictar una master class, como ya hizo en la noche de Le Mans. En esta categoría Alonso es un talento superior, que marca diferencias respecto a otros pilotos, excompañeros suyos en la F1 (como Nakajima, Buemi, Kobayashi...) que nunca llegaron a su nivel. No es exagerado decir que el pulso de Alonso ha elevado al coche 8 de Toyota al pedestal que ahora ocupa. En Sebring destrozó el récord histórico del circuito para conseguir la pole. Durante la carrera, siempre estableció ventajas, amplió segundos respecto a su coche hermano, el Toyota 7 que conducen Conway, «Pechito» López y Kobayashi.

«Estoy muy contento por haber ganado en un sitio tan especial como éste; me encanta ganar en sitios que tengan mucha historia; y Sebring es uno de ellos, en las carreras de resistencia», precisó el piloto español, al que no se le borra la sonrisa desde que decidió que su futuro no pasaba por la Fórmula 1.

En menos de un año natural, ha ganado una de las carreras más célebres del automovilismo –las 24 Horas de Le Mans–, dos pruebas en Estados Unidos –Las 24 Horas de Daytona y las 1.000 Millas de Sebring– y las 6 Horas de Spa en verano. Cuatro éxitos y una secuencia encadenada en Estados Unidos, allí donde se ubica su primer desafío de 2019, las 500 Millas de Indianápolis. Otra categoría, otro coche, otro tipo de circuito (oval) para un Alonso insaciable. «Estoy imbatido en América este año, en las carreras que he corrido. Ojalá siga la racha y la tercera sea la de Indy», pronosticó.

Indianápolis es la pieza que le falta para su propósito al margen de la Fórmula 1, la triple corona (incluye el GP Mónaco y las 24 Horas de Le Mans) que se estableció como meta para mantenerse estimulado en el deporte. En abril efectuará dos sesiones de entrenamientos para la Indy, trabajo a tope en el simulador.

«Ahora hay que disfrutar esta victoria, llevar el trofeo a casa y disfrutar de otras semanas dulces; porque cuando ganas tienes las semanas siguientes de recuerdos, de fotos que te van llegando, que te envía el equipo, mensajes... todo el mundo que te sigue, que ve la carrera», dijo Alonso.