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«El ‘vete a fregar’ ya apenas se escucha, ahora se nos valora»

Cada vez son más las mujeres que dirigen partidos masculinos y femeninos. Cinco de ellas explican a ABC sus experiencias y su evolución en el difícil mundo del arbitraje

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A la hora concertada entran por la puerta de la redacción y diez minutos después comienza el coloquio en ABC. Las cinco nunca se descuidan con el reloj porque cada fin de semana dirigen partidos y están habituadas a cumplir a rajatabla los horarios. Elena Contreras (fútbol), Asunción Langa (baloncesto), Raquel Santiago (rugby), Gema Calderón (hockey) y Leyre Fernández (balonmano) son el presente y el futuro del arbitraje en el deporte español, donde, según coinciden, la presencia de la mujer está cada día más normalizada y valorada, aunque lamentan que su visibilidad en la élite continúe siendo reducida. Como muchas otras, no pueden vivir del arbitraje, pero desbordan ilusión por llegar a la cima y explican a este periódico sus vivencias e inquietudes en un mundo tradicionalmente de hombres.

«El arbitraje sigue la marcha de la sociedad, donde hay muchísimas personas que han evolucionado, pero todavía aparecen algunos que se han estancado y mantienen vivos los estereotipos del pasado. Hace 18 años, cuando comencé, era habitual oír comentarios machistas, ahora se escucha alguno, como el ¡vete a fregar!, pero afortunadamente son escasos. Gracias a los patrocinadores se está visibilizando la figura femenina en el arbitraje y eso ayuda mucho a que la gente normalice la imagen de una mujer dirigiendo un partido», destaca Asunción Langa. Una de las últimas empresas en sumarse ha sido Renfe, que colabora con varias federaciones en el impulso del arbitraje femenino.

La pasión no es igual en todos los deportes y, en este sentido, el fútbol siempre ha sido el reducto visceral del hincha. Como el resto de sus compañeras, Elena Contreras dirige partidos de chicos y chicas porque arbitra en la Liga Iberdrola, la máxima categoría femenina, y en la Tercera división masculina. No hay diferencias a la hora de pitar y tampoco en el respeto que siente en ambos escenarios, aunque recuerda con una sonrisa la sorpresa que les provocaba hace una década a los delegados de campo y a los directivos de los equipos cuando llegaba al estadio acompañada de sus asistentes y ella era la que se presentaba como árbitro del partido. «Ver a una mujer arbitrar era entonces una utopía. Yo me partía de risa al ver sus caras», afirma. «Ahora, las mujeres tenemos fama de ser más muy cuidadosas a la hora de arbitrar, ya no solo se ve como algo normal, sino que además se valora nuestro trabajo», agradece.

Raquel Santiago arbitra, juega al rugby y, como sus cuatro compañeras, tiene que trabajar durante la semana porque vivir de pitar partidos no es posible. «Es solo una ayuda económica. Lo primero que habría que hacer es una mayor profesionalización para que los árbitros podamos vivir del deporte. En rugby ni los jugadores, salvo excepciones, pueden hacerlo». «En fútbol, solo en Primera y Segunda división masculina se puede vivir solo del arbitraje», apuntilla Elena.

«Más ayuda federativa»

Cobran poco, pero su sacrificio y esfuerzo es enorme. «Como para cualquier deportista, también hemos tenido que renunciar a muchas cosas. Arbitrar supone un esfuerzo enorme, pero merece la pena», asegura Leyre Fernández. Para ellas, afirma, las fiestas no existen y en ocasiones tienen que separarse de la familia, su «mejor apoyo», destacan al unísono. «Yo me tuve que venir a Madrid para poder arbitrar más partidos porque en Andalucía el hockey tiene poca presencia. Tuve que renunciar a la vida que llevaba en Málaga y adaptarme a una ciudad nueva», recuerda Gema Calderón. El sacrificio ha tenido recompensa porque es habitual verla en encuentros internacionales desde 2014.

También coinciden en que el arbitraje «te ayuda a convivir con el error y a gestionar las emociones», aunque en los inicios se puede llegar a pasar mal. «No cuando fallaba, no quería ni salir a cenar, me podía tirar tres días sin salir», reconoce Asunción, que recurrió al trabajo con un psicólogo y un coach para relativizar los errores. «Echo en falta que las federaciones impulsen más ese trabajo psicológico», demanda.

A pesar de la posibilidad de encontrar aún algún energúmeno en los campos y del sacrificio, las cinco lo tienen claro y aconsejan a las jóvenes que les atrae el arbitraje a que entren: «una vez que lo pruebas, ya no lo dejas».