Rally Dakar

Villas-Boas, de los banquillos al Rally Dakar

El exentrenador del Oporto, Chelsea y Tottenham debuta como piloto de un Toyota en la exigente prueba sudamericana

Corresponsal en LisboaActualizado:

El ex entrenador portugués del Oporto, Chelsea, Tottenham y Zenit protagoniza una de las sorpresas del flamante Rally Dakar, que arranca este sábado 6 de enero en tierras peruanas. André Villas-Boas cambia el fútbol por el volante para cumplir, a sus 40 años, un sueño que tenía desde muy joven: competir en esta difícil prueba, reservada a quienes aman la aventura y se atreven a conjugarla con la destreza técnica.

El elegante señor de los banquillos, donde se inició al calor de las enseñanzas de José Mourinho, tenía en mente desde hace tiempo dar un salto de estas características, toda vez que los antecedentes familiares le marcaron en este sentido porque un hermano de su padre participó en la prueba allá por 1982 y terminó en la posición número 90.

Así lo ha confesado él mismo antes de emprender viaje a Lima: “Mi segunda pasión siempre ha sido el motor. Mi tío Pedro corrió el Dakar dos veces. También él debutó con 40 años, como yo, y ahora se celebra la 40ª edición de la prueba. Es curioso, todos los números vuelven, así que es el momento adecuado para hacer realidad este sueño para mí y vivir una experiencia única, un reto lleno de estrés físico y mental”.

Lo hablé con mi amigo Alex Doringer, director de KTM, y me comentó que necesitaría una preparación completa durante un año si quería conseguirlo y que era mejor que corriera en coche. Así que me puse en contacto con el Team Overdrive y allí estaré en la línea de salida”, añadió mientras expresaba su total confianza en su compatriota Rubén Faria como copiloto.

Como resultado, aquí está Villas-Boas al volante de un Toyota Hilux, dispuesto a sumergirse en los caminos polvorientos de Sudamérica, donde se celebra el rally desde hace una década, cuando se desplazó desde África para combatir los ataques terroristas que lo estaban comenzando a afectar por parte de los grupos islamistas más radicales, en contra de semejante desembarco occidental.

En total, 9.000 kilómetros de itinerario, si es que el estratega luso de los banquillos logra su propósito de finalizar la prueba el sábado 20 de enero.

Su bagaje en este campo arrancó cuando no era más que un chaval y se inscribió en el campeonato portugués de enduro, una modalidad de motocross. Disputó una carrera muy conocida al otro lado de la frontera, la Baja Portoalegre, además de apuntarse a la denominada fórmula SxS y a las motos ‘off-road’.

Pero llamó a su puerta el fútbol y no pudo resistirse. Aun siendo un inexperto, se ganó la confianza de Bobby Robson en la dirección técnica del Oporto a causa del sentido común del que hacía gala.

Y fue, curiosamente, el Barcelona el que permitió a un pujante Villas-Boas dar sus primeros pasos en el equipo blanquiazul. Sí, porque el veterano preparador británico puso rumbo al Camp Nou y se llevó con él a Mourinho, quien le había aleccionado. De modo que ahí le llegó el momento de demostrar su valía individual en el Estadio do Dragao.

Después de haber acompañado a ‘The Special One’ en el club portuense, le siguió al Chelsea y al Inter de Milán. Nada extraño, por tanto, que, cuando alcanzó los 33 años, ya estuviera presto a dirigir al emblema de su ciudad, al que llevó a conquistar Liga, Copa y Europa League en 2011.

Más tarde pasó al Chelsea y de ahí al Tottenham, antes de abrir dos etapas lejanas: el Zenit de San Petersburgo y el Shangái SIPG. De hecho, André Villas-Boas protagonizó uno de los grandes ‘pelotazos’ de la temporada pasada al fichar por este equipo, uno de los gigantes de la liga china. El sueldo estratosférico de 12 millones de euros anuales le convenció para embarcarse en la aventura de un fútbol exótico pero emergente, todo un reclamo para los millonarios patrocinadores asiáticos.

Rompió así su periodo sabático desde que se despidió de cuadro ruso, donde no terminó de cuajar. En el conjunto asiático tomó el relevo del ex seleccionador inglés Sven-Goran Eriksson, quien se aproximaba a los 70 años.

En el SIPG se reencontró con el delantero brasileño Hulk, quien se decidió por aterrizar en China a golpe de talonario (55 millones de euros) y había jugado a sus órdenes en el Zenit. Pero la incursión china llegó a su fin hace tan solo unas semanas, tal vez porque bullía en su cabeza la idea de probar suerte en el Rally Dakar.