«Chirola» Romero: «No era un fenómeno, pero tampoco un desastre»

Por  19:56 h.

Sebastián «Chirola» Romero juega desde la temporada pasada en el Panathinaikos griego. Han pasado casi ocho años desde que fichara por el Betis. Mucho tiempo, o quizá no tanto.

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—Lo tenía todo arreglado con el Mallorca, había hablado incluso con el entrenador, que era un argentino, Mario Gómez, y estaba acordado cuando volaba para España. Llegaron dos directivos del Mallorca a Argentina y se quedó todo ‘ok’. Después de la reunión me fui a mi casa y me avisó…, no me acuerdo quién, de que Griguol quería hablar conmigo. Me llamó el preparador físico, Valdecantos, y me dijo que habían llegado a un acuerdo con el Betis y que querían que me fuera con ellos. Les expliqué que no podía, que había dado mi palabra de que ficharía por el Mallorca. ¡Me volvieron a llamar y me terminaron convenciendo!

—No habrá quedado usted muy bien con el Mallorca, ¿no?

—No, fui de frente; se lo dije así, que Griguol, mi maestro, me quería con él. Recuerdo que llamé a Mario Gómez para comunicárselo.

—Con Griguol el equipo se fue a Segunda división…

—Mire, Griguol en Argentina es una institución. Es una referencia. Hizo lo mismo que en mi país, ni más ni menos… Yo lo conocía perfectamente.

—¿Qué es eso de un cuaderno?

—¿El que teníamos los jugadores? ¡Ah! Eso es una cosa que Griguol siempre les decía a los chicos, que anotaran después de cada entrenamiento lo que habíamos hecho. ¡Yo lo hacía!

—¿Y los demás?

—No sé… habría que preguntarle a ellos. Podían escribir en él cuando llegaran a sus casas y yo no lo veía. ¿Entiende?

—No me imagino a Benjamín escribiendo tras el entrenamiento…

—Benjamín era un chico fantástico, siempre estaba alegre, un personaje. Te hacía reír mucho. Me acuerdo de escucharlo cantar, a todo volumen, mientras se duchaba en el vestuario.

—¿Cuál fue su primera impresión de Sevilla?

—Maradona. Para nosotros, los argentinos, Diego es Dios. Al principio, cuando llegué, cada cosa que preguntaba era por Maradona. Iba a un restaurante, no me acuerdo el nombre…, que estaba en Nervión, y había fotos de él. Recuerdo que a los sevillanos, me decían, les impresionó mucho cuando Diego, en el lanzamiento de un córner, cogió una naranja y se puso a aguantar sin que se cayera al suelo.

—Lopera.

—Es un personaje, sí, ya me habían contado. Mi representante me dijo el día que lo iba a conocer: “Mirá que es un personaje…”. Por la forma de hablar lo cierto es que me hizo reír… Pero bien, sin problemas, conmigo siempre fue muy correcto. Noté que tenía mucho carisma y ganas de hacer grandes cosas.

—¿Por qué no triunfó usted en el Betis?

—¿Quién se puede decir que triunfó en la etapa que yo estuve? ¡Todo salió mal! Me hubiese gustado encontrar un equipo de otra manera, que manejara las circunstancias de distinta forma. Con la gente que tiene detrás, con la ciudad, el dinero que tiene… no sé, me extrañaron algunas cosas. Y, también por ésas, yo sólo tenía 21 años. Entiendo que no me esperaron lo suficiente, sólo estuve un año y medio. Luego volví a Argentina y llegué a debutar con mi selección. ¡No era un fenómeno, pero tampoco un desastre!

—Fernando Vázquez no le dio bola…

—¡Uff! Estaba caliente yo…. ¿Sabía que le volví a ver un día en Italia? Jugamos un partido Panathinaikos-Celta de Vigo y allí estaba.

—¿Y qué tal?

—Nos saludamos, bien.

—¿Cuándo fue la última vez que vino a Sevilla?

—No, voy a menudo. Es que mi cuñado se casó con una chica sevillana. ¡Vino a verme cuando jugaba en el Betis, salió por la Feria de Abril, la conoció y se quedó! Yo se lo decía, “pero ¿vos estás loco? ¿cómo vas a cambiar tu vida?” Lo hizo y me alegro porque así puedo ir a Sevilla…

—Los que no se alegrarán tanto serán los padres de su mujer…

—No, están contentos. Pero claro, un poco lejos sí que se fue el chico. Tienen una niña sevillana y cada vez que la veo le doy clases de argentino, para que coja el acento. Pero es imposible.

—¿Le gustó a usted la Feria?

—Es una fiesta para estar 24 horas al día y durante toda la semana. Es para «vivir» allí. Yo, al no poder estar tanto tiempo como me hubiera gustado, prefería no ir.

—¿Y no aprendió a bailar sevillanas?

—No, no. Lo que sí quiero es mejorar mi práctica en el tango. Lo bailo y cuando vuelva a Argentina me apuntaré con un profesor.

—¿Cuántos años le quedan de contrato?

—Éste y otro más.

—¿Y después del fútbol?

—No sé, hay que esperar.

—¿Qué hubiera sido de no haber sido futbolista?

—Es una pregunta que me hago mucho últimamente; quizás hubiera trabajado con mi madre en el Ministerio de Educación.

—¿En el Ministerio?

—Sí, en alguna oficina, supongo. Es que yo siempre supe que iba a ser futbolista. Con 15 años ya era casi profesional. No por la plata que podía ganar, sino por el ritmo de vida que llevaba. Me tenía que levantar a las cinco de la mañana para coger un ómnibus hasta la estación de tren. Tardaba 45 minutos, luego tenía que coger un tren que me llevaba en una hora a Buenos Aires y, por último, otro omnibus con el que iba hasta la zona seis. ¡Otra hora más!

—Nosotros llevamos ya casi hablando 40 minutos, muchas gracias Sebastián.

—No hay de qué, un abrazo a todos.

Redacción

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