Esnaola: «Nunca me he puesto un pantalón vaquero»

Por  0:01 h.

José Ramón Esnaola, 61 años, es el hombre de las casualidades, el que llegó a Sevilla después de negarse a pasar calor, el que fichó por el Betis tras frustrarse su pase por lesión al Atlético… Imprevistos a los que hoy les da las gracias.

Real Betis: José Ramón Esnaola

—Cuando yo le dije a mi madre que quería ser portero lo primero que me dijo es que tuviera cuidado con los pantalones, que siempre aparecía con alguna rotura. Jugaba en el colegio, en cemento, y claro… Además, es curioso, pero yo nunca he usado pantalones vaqueros, ni siquiera me los he probado. A mis padres no les gustaba el fútbol. Eso sí, mi madre ponía una vela por cada partido que jugara para que no me pasara nada. Jugaba de pequeño, y mientras estaba solo tiraba la pelota a la pared y así iba blocando. Le estoy hablando de cuando tenía ocho ó diez años. Luego, ya más mayorcito, empecé a trabajar en una fábrica. Se llama Plasencia de Armas, y era para hacer cárteres para coches… Yo era el ajustador, estaba con un taladro y una lima. Empecé a los 16 años y estuve hasta los 20.

—Será usted un manitas…

—Sí, sí, a mí me gusta trabajar en mi casa: fontanería, electricidad, me gusta podar… Sí, soy un poquito chapucero.

—¿No estudió?

—Cuando empecé a trabajar lo dejé, también por la necesidad. Mi padre era un obrero y éramos cinco hermanos, Había que ayudar.

—¿Por qué el Betis?

—Pues… mire, no lo sé, le contaré una cosa muy curiosa. Yo vine de viaje de novios a Málaga. Eso fue en los años setenta, y nos acercamos a Utrera a ver un tío de mi mujer. Cuando llegamos a Sevilla había 44 grados. Se lo dije a mi mujer: «Venga, vámonos ya para San Sebastián que con este calor no vuelvo yo más a Sevilla sino para jugar». Dije que no volvía más y en 1973 me fichó el Betis. No se puede saber lo que te tiene preparada la vida.

—Hábleme de una persona importante en su vida, de la que usted quiera.

—De mi tío. Un día, cuando yo estaba en la fábrica, llegó a buscarme y me dijo: «Déjalo todo que nos vamos a San Sebastían, que tú vas a jugar en la Real Sociedad». Le dije que qué locura era esa, que yo tenía que hablar con mi jefe, que no me podía ir así. Fíjese que no me fiaba que no me fui así como asi, pedí excedencia. También tengo más curiosidades…

—Por ejemplo.

—Entre Betis y Real Sociedad jugué más de 600 partidos y la única vez que me lesioné en mi carrera fue en un encuentro contra el Betis. Venía un balón largo, salí a buscarlo y un futbolista, precisamente vasco, me dio en la planta del pie. Esa lesión hizo que yo no fichara por el Atlético. Ya lo tenía firmado. Fui a ver al médico del Atlético y no recomendó mi fichaje. Contrataron a mi suplente en la Real Sociedad.

—Y apareció el Betis

—Sí, sí.

—Toda una vida.

—Menos un tiempo, que dejé el puesto de entrenador deporteros, siempre en el Betis. Claro, con ocho años en la Real Sociedad.

—¿Qué hizo durante ese tiempo en el paro?

—Estar con mi familia, que para mí es lo más importante. Mi hija la mayor me ha hecho abuelo y estoy disfrutando. La gente me lo decía: «Ya verás, ya verás cuando seas abuelo…». La niña tiene nueve meses y me tiene loco. Es una de las cosas que me hubiera gustado hacer de forma distinta, el tiempo que le dediqué a mis hijas. Siempre pendiente del fútbol, pensando en el domingo… Y ahora, pues te das cuenta de que tu profesíón sí que es importante, pero que tampoco ganas nada estando tan pendiente del domingo y del domingo.

—Ya no puede ir hacia atrás.

—Y tampoco lo pretendo. Porque sé que no se puede.

—¿Puede mirar los recortes de prensa de sus actuaciones o le puede la emoción?

—Sí, sí que puedo. Precisamente el año pasado estuve durante mucho tiempo haciendo álbumes con todas las fotos y recortes que he recopilado. Tengo cuatro álbumes impresionantes.

—Un compañero.

—Hay muchos, es imposible decir uno.

—El mayor personaje.

—¿Por simpático? Rogelio, era el más gracioso, era habilidoso. Me acuerdo de las paellas que hacía en el estadio debajo de la tribuna.

—Igual que ahora, ¿verdad?

—Sí, pero ahora traen marisco.

—Un portero.

—Casillas y Victor Valdés.

—¿Qué hubiera sido de no haberse dedicado al fútbol?

—Hubiese sido pelotari, que es el que juega al frontón con la mano o la paleta. Seguro, no se me daba mal…

—¿Y el mejor elogio que le pueden decir?

—Que he sido el mejor portero de la historia del Betis y que soy buena persona. Hasta los mismos sevillistas me lo han dicho. En el homenaje a Pablo Blanco fui a entregarle un obsequio y todo el público puesto en pie me dio una ovación. Nunca lo olvidaré.

—Tampoco yo olvidaré haber hablado con usted.

—Muchas gracias.

Redacción

Redacción