Javier Clemente: «No he olvidado el arroz caldoso que hacía Rogelio»

Por  21:31 h.

Un vasco en Sevilla. El rubio de Barakaldo, Javier Clemente, recuerda su paso por el Betis. Hace nueve años de ello.

Real Betis: Javier Clemente, el día en que se hizo cargo del equipo bético—Vivía en Simón Verde, pasaba mucho tiempo en mi casa, y a veces quedaba con un amigo mío que era el director del Hotel Colón, nos íbamos al restaurante El Burladero. Allí hablábamos de nuestras cosas. También, en mi tiempo libre, iba a Coria para ver a Rogelio. Es un fenómeno, un gran bético y un muy buen cocinero. Todavía hay veces que me acuerdo del arroz caldoso que hacía Rogelio, no lo he podido olvidar.

—¿Y la Feria?

—Estuve sólo un día, el primero, el de la inauguración. Es que… a mí no me gusta ese tipo de fiestas, con tanta gente. Recuerdo que fui a la caseta de los notarios; era muy bonito, con miles de personas. A mí me gusta estar más tranquilito, con un grupo más pequeño.

—Es decir, que la Semana Santa tampoco…

—Pues eso sí. La vi con el presidente, con Lopera, en la calle Sierpes. Me impresionó.

—¿Qué tal con Lopera?

—Normal, yo no tuve una mala relación con el presidente, alguna discusión sí que hubo; lo que sucedió es que yo le dije algunas cosas, que había que hacer unas contrataciones, y se negó. Le comenté que el equipo tenía algunos puntos débiles.

—¿A qué se refiere?

—Hacer un par de contrataciones, ningún nombre, sino reforzar algunos puestos. No me hizo caso y se trajo a Griguol y cuatro argentinos. ¡Yo le avisé!

—¡Tampoco es que con usted se practicara un gran fútbol…!

—Mire, a mí Lopera me dijo que el objetivo era la salvación del equipo, lo hice, y luego los aficionados, impulsados por una peña, comenzaron a pitarme, que si no estaban contentos conmigo…

—¿A qué peña se refiere?

—No lo sé, usted sabe que en el fútbol, si un grupo te dice algo, luego se puede unir todo el sector. Me criticaban y ya está. Y bueno, nosotros no teníamos posibilidades de ir hacia arriba, ni peligro de caer. Estábamos a mitad de tabla, y a la gente le dio por meterse conmigo. No había aliciente deportivo y el equipo bajó el nivel, la pelea.

—Hábleme de un jugador de su etapa en el Betis.

—¡Había buenos futbolistas! Finidi, Alfonso, Filipescu…

—¿Y Denilson?

—Yo lo apreciaba, de verdad, pero no aceptó lo que tenía que hacer para entender la competición española.

—¿A qué se refiere? ¿No se esforzaba?

—No, no, eso no es, si él se entrenaba bien.

—¿Entonces? ¿Soltarla antes?

—En parte… Hubiera triunfado, hubiera sido de los grandes, estoy convencido.

—Me dijo Denilson que una vez Lopera le criticó a usted delante de todos los jugadores por no ponerlo más.

—¿Si? ¡Ya, ya, ya me acuerdo! Es que Lopera lo quería mucho. Y es verdad. Lopera tiene cosas buenas y cosas malas. Con lo que defiende va a muerte; el problema es que a veces no te escucha. Pero es el que manda y ya está.

—¿Volvería al Betis?

—¿Por qué no? Si me llama…

—¿Conoce a Chaparro?

—Personalmente, no. Tengo referencias, pero nada más. Me alegro de que haya ganado su primer partido; de verdad, me sorprende la situación a la que ha llegado el equipo.

—Por lo tanto, ¿considera que el Betis tiene jugadores para estar más arriba?

—Tiene buenos jugadores, claro que sí; y tampoco los últimos son los peores.

—¿Cuál ha sido el día más feliz de su vida?

—Cuando fuimos campeones con el Athletic de Bilbao en Las Palmas.

—¿Y el más triste?

—¿El más triste? El día que perdimos la final de la UEFA con el Español y cuando no pude evitar que el Tenerife descendiera.

—¿Y su adiós de Serbia?

—Sí, sobre eso quiero hablar. He leído en algunos periódicos de España que si me han echado, que si a Clemente lo vuelven a echar. ¡Pero si a mí se me acabó el contrato! Ésa es la historia. Y hay más. Yo le dije al presidente de Serbia a quién debía poner en mi lugar, a un yugoslavo.

—¿A quién?

—A Vidakovic.

—Pero a usted lo podían renovar.

—Ésa es otra cosa. Pero le digo que mi intención no era continuar.

—Sigue con sus problemas con la prensa…

—No, yo no tengo mala relación. Lo que pasa es que hay periodistas que no aceptan que yo les lleve la contraria.

—En este caso, no se la llevaré. Un saludo.

—Gracias.

Redacción

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