Rogelio: «Hay veces que me entran unas ganas tremendas de saltar de espontáneo a un partido»

Por  21:22 h.

<!–[if !supportEmptyParas]–>La zurda de caoba perfecciona aún su «regate de la tostá». Desde Coria, el ex bético habla desde el recuerdo. Leyenda pura en verdiblanco.

Rogelio levantando la Copa del Rey que ganó el Betis en 1977

—El otro día me llamó una chica para hacerme una entrevista y me preguntó que dónde trabajaba ahora. Le dije que en una empresa que se llamaba «Verme». Se quedó unos segundos callada y me dijo. «¿Y a qué se dedica esa empresa?». Se lo tuve que explicar. «Cuando me levanto mi mujer me dice “verme” por esto, “verme” por lo otro…». La muchacha se enfadó y me cortó. Ahora en serio, estoy bien, soy feliz, yo soy persona de pocas necesidades, con un arroz con tomate ya estoy bien. Y con mis nietecillas paso muy buenos ratos, una de ellas tiene tres años y sabe más… ¡Como siga así, cuando cumpla cinco me habla de hipotecas! Me dice que es un poco bética, como su abuela, y sevillista, como su padre. También aprovecho el tiempo para usar la espumadera.

—¿Cómo?

—Que me encanta guisar. También hacer la compra.

—¿Es usted de esos que va con una lista al supermercado?

—¿Yo con una lista? ¡En mi vida! Yo veo el pescado, la carne… si a mí me encanta hasta limpiar el pescado. Voy al mercado… También leí hace poco que… ¿cómo se llama este que le dieron un premio hace poco en el ABC?

—Carlos Herrera.

—Sí, él, leí en una entrevista que le hicieron que también le gustaba guisar.

—¿Cuándo se le despertó a usted el arte de la cocina?

—Viene de muy lejos, cuando empecé a ayudar al dueño de un bar que había en el mercado de Coria. Mi madre tenía un puesto de frutas y yo me pasaba por allí… Fíjese, que cuando fiché por el Betis, era juvenil, le pedí al club que me buscaran un trabajo. Empecé de camarero en “Flor de mi viña”, en la Magdalena. Estuve sólo cinco meses; luego, fue cuando me castigaron un año.

—¿Por qué le castigaron?

—Por haber fichado por tres clubes a la vez, el mismo año.

—Le castigó la Federación, ¿no?

—Claro, no iban a ser los municipales, ¿no? En un equipo no me ponían, me fui a otro… y así otra vez. Cuando se me acabó el castigo volví al Betis y me mandaron cedido a Ponferrada. Me fui porque me dijeron que me daban la ficha, que era 25.000 pesetas, en la mano. Dije: «Vale, me voy a Ponferrada». Yo no tenía ni idea de dónde estaba eso. ¡Y que frío hacía…! También estuvo en Tomelloso… hasta que debuté con el Betis.

—¿Cómo fue?

—Pues contra el Real Madrid, en la primera jornada de Liga y en casa.

—¿Aparecieron los nervios?

—¿Nervios? ¿Yo? ¿Presión? Cómo era la frase esa de Valdano… ¿miedo escénico? Miedo te daba jugar en un campo de aquí al lado, con 70 personas viendo el partido y que alguno de ellos te insultaran. Claro, lo mirabas y se podía liar. Pero, ¿en un estadio con 50.000 personas? Ahí no te enteras de nada, qué más da lo que te digan.

—Correr es de cobardes…

—Sí, lo dije yo, es verdad. y parece que se ha extendido, ¿no? Es que es verdad, dígame a ver, si alguien huye, si alguien corre es que tiene miedo. Además, conozco a muchos futbolistas que corren una barbaridad y no tocan la pelota.

—¿Hay muchos de esos?

—Sí, sí que hay. Hay veces que veo partidos y me entran unas ganas de saltar de espontáneo… Como se hace en las plazas de toros. Veo fallos y me cabreo, incluso estando en mi casa viendo partidos por la televisión hay veces que me metería dentro para llegar al campo y jugar, me entran unas ganas tremendas.

—¿Incluso a las órdenes de Luis Aragonés?

—Mire, Luis es para conocerlo. A veces escucho comentarios de gente… que no lo conoce. Le gusta mucho lo nuestro, se casó en Huelva, veranea en El Puerto de Santa María. Claro, lo ves así, con cara de amargado… Si yo le hablara… ¡Cantaba flamenco! ¡Y hacía el baile de la pelotita! Tenía arte.

—¿El baile de la pelotita?

—Sí, eso es, hacía que jugaba con una pelotita imaginaria mientras bailaba. ¡Era para morirse! Luis es para comérselo. Era una persona muy importante para mí, recuerdo cuando llegué que él ya estaba…

—Remóntese a ese tiempo.

—¡Yo ni hablaba! Me acuerdo que en las concentraciones en vez de poner una mesa de esas largas que se suelen usar ahora para comer…, se ponían para cada cuatro. ¡Todos se querían sentar conmigo! Claro, luego me di cuenta de que en cada mesa ponían una botellita de vino y como yo no bebía les tocaba a más entre los otros tres.

—Luego, las vueltas que da la vida, usted se convirtió en capitán.

—Sí, recuerdo a Ferenc Szusza, que era nuestro entrenador, diciéndome: «Rogelio, usted es un hombre inteligente, pida primas para los chicos». Claro, me lo decía, no me lo iba a decir… si para él cada prima era doble.

—Por cierto, ¿es verdad que usted se comió un huevo duro durante un derbi en el Sánchez-Pizjuán?

—Sí, así es. Siempre, en un derbi en el campo del Sevilla, en el saque inicial yo le pasaba la pelota al portero. A la afición del Sevilla le daba mucho coraje aquello. En el descanso noté que algo me pasaba muy cerca de la cabeza. ¡No me dio de milagro! Era un huevo duro. Lo cogí, lo pelé y le di un bocado. ¡Es que ese día había almorzado poco! La gente me chilló que todavía me acuerdo.

—Yo me acordaré de haber hablado con usted.

—Gracias.

—Gracias a usted.

Redacción

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