“75 años del traslado al campo de la Exposición”, por Isabel Simó

Por  20:02 h.

Dentro de las efemérides de la historia del Real Betis Balompié, figura una de especial trascendencia para el futuro del club: el arrendamiento del estadio de la Exposición al Betis Balompié, realizado el 16 de julio de 1936. Hasta esa fecha, el Betis había jugado en el campo del Patronato Obrero, el cual le ha dado hasta el presente su mejor gloria, ya que en él se proclamó campeón de Liga en la temporada 1934/1935.

Este traslado se produjo porque el Ayuntamiento de Sevilla, propietario del campo, necesitaba ese espacio para instalaciones municipales. A cambio, ofrecía al club el Estadio de la Exposición. La persona que llevó a cabo las gestiones fue D. Antonio Moreno Sevillano, a la sazón directivo del club, pero quienes firmaron la escritura de arrendamiento fueron D. Manuel Alonso Cueli, vicepresidente del Betis Balompié en funciones de presidente —D. Francisco Navarro López había dimitido poco antes—, y D. Horacio Hermoso Araújo, como alcalde del Ayuntamiento de Sevilla y presidente de la Comisión Liquidadora de la Exposición Iberoamericana de 1929.

Desafortunadamente, la documentación de esa época ha desaparecido por los diferentes avatares padecidos por el club y ha dejado una laguna importante en la historia del Real Betis Balompié, suplida en gran medida gracias a la arduas tareas de investigación, a la prensa y a los béticos veteranos que contaron las vivencias de esos años verbalmente.
El contrato establecía una serie de condiciones del arrendador impuestas al arrendatario. Entre ellas, que la duración sería de diez años a partir del 1 de agosto de 1936 y que la cuota de alquiler que habría de pagar sería de 9.000 pesetas anuales. El Ayuntamiento obligaba al Betis Balompié a realizar obras de saneamiento y modificación del estadio, que estaban supervisadas por la Comisión Liquidadora.

La noticia fue anunciada en la prensa local, consignándose la presencia, además, del Sr. Hermoso Araújo y del Sr. Alonso Cueli; y de representantes de la Comisión Liquidadora, del Betis Balompié y de la Tertulia Bética. Respecto a esta última, decir que, históricamente, la Tertulia, ubicada en la calle Velázquez, fue como una prolongación del club, pues a ella pertenecieron desde su fundación, en 1932, la mayor parte de presidentes y directivos del Betis.

Pero como «el sino del Betis» era que las cosas vinieran mal dadas, dos días después de la firma del contrato de arrendamiento, el ejército comandado por el General Queipo de Llano se adhirió a los sublevados en contra de la República, y baterías apostadas en el Ayuntamiento lanzaron obuses contra el Gobierno Civil, situado en la trasera del Hotel Inglaterra. Uno de ellos entró por una ventana de la secretaría del Betis, ubicada en el número 2 de la calle Bilbao, y prácticamente la destrozó.

Poco después, dos policías se presentaron en la casa de Manuel Simó Mateos. Cualquier cosa pudo pensar menos que se trataba de algo del Betis. Ante la expresión casi de pánico, los policías se adelantaron y lo tranquilizaron diciéndole que los acompañara a la secretaría. Se presentó y salvó todo lo que pudo: las copas y documentos desperdigados, trasladándolos temporalmente a la Tertulia Bética. Según su testimonio, el edificio se cerró y precintó.

El estadio de la Exposición, que tantas ilusiones había generado entre los béticos, fue incautado por el estado de Guerra para servir de depósito de carros de combate, acuartelamiento de tropas italianas, de caballería, de picadero… Finalizada la guerra, el estadio estaba en una situación tan lamentable que, según testimonio de Simó, quien realizó el inventario, se acordó abonar una cifra simbólica de 166 pesetas al mes desde 1939 a 1961, pues se tuvo que hacer frente a cuantiosos gastos en la reconstrucción del mismo, hecho que no le permitió hacer buenos fichajes para la temporada 1939/40, quedando sólo de la mítica plantilla de la temporada 1935/1936 los jugadores Saro y Peral.

Tal vez debió solicitar la no participación en la competición de Liga, como hizo el Real Oviedo, pero nuestro Betis es así y como en otras muchas ocasiones, fue más Quijote que Sancho.

Juan Morilla

Juan Morilla