Fabián pugna con Sarabia ante la mirada de Joaquín (Foto: Raúl Doblado/ABC)
Fabián pugna con Sarabia ante la mirada de Joaquín (Foto: Raúl Doblado/ABC)

Betis-Sevilla: las alegrías, según cómo se cuenten

El Villamarín festejó quedar por encima del rival y Caparrós apretó los puños cuando certificó el empate

Por  10:42 h.

Con tal batiburrillo de sensaciones, con tantos episodios en un mismo acto, el primero que lanza un aserto se lleva el gancho de la razón. Hace de locomotora del pensamiento. Un empate es un empate pero ambos lo celebraron como un triunfo. El Villamarín saltó de alegría, tanto como Caparrós desde su banquillo apretando los puños y mandando a todos hacia la esquina de los Biris. Luego matizó el discurso en la sala de prensa. Ganaba el que se alegrara más fuerte. Pura estrategia de marketing. O de alivio. Porque ambos lo vieron peor de cómo acabó. De ahí que las alegrías lleguen según cómo se cuenten. Lo mejor es que la felicidad se reparte, que las gafas con las que se miran no tienen nada que ver. Los béticos se quedan satisfechos por quedar por delante (con 120 millones menos de presupuesto), aunque en el tránsito perdieran una plaza en favor del Villarreal (que se decidirá el sábado), y los sevillistas, entrar en la última plaza de la Liga Europa (otrora considerado un fracaso) porque las perspectivas previas a la llegada de Caparrós no eran nada halagüeñas y en tres jornadas le ha dado la vuelta como a un calcetín. Todos contentos. Mejor así.
Heliópolis olía a pólvora como en los aledaños de un saloon tras un duelo al sol. Los tiros se quedaron en el césped, por suerte. Llegó el autobús del Sevilla con una luna rota… por un aficionado rojiblanco quien, en su euforia desmedida, golpeó el cristal con su mano hasta hacerlo estallar a la altura del Nervión Plaza. Las hostilidades sólo aparecieron en el campo. Y matizadas. Corrían más peligro los globos blancos que se confundían con los balones y que los jugadores pisaban para hacerlos desaparecer. Hasta una bolsa de basura negra. El viento del Villamarín, que se había vuelto cántico con el gol de Bartra. Ese tanto generó una confluencia. Todos pedían calma. El banquillo bético, para tener la pelota; Nzonzi, para que sus compañeros no se aceleraran más de la cuenta. La digestión del gol no fue buena para el Real Betis, que renunció a lo que había mostrado con un toque mandón, quitándole la pelota a su rival como si fuera un niño, para pasar a un repliegue inexacto, regalando espacios. El Sevilla crecía con la pelota e iba avisando. Papeles cambiados. Las marcas eran individuales en la presión, cada uno iba con el de su talla. Guardado, ausente a pesar de su intención de estar presente, se la jugó con una patada a Roque Mesa prima hermana de la de De Jong a Xabi Alonso en el Mundial pero con mayor carga de involuntariedad. El pique Setién-Caparrós parecía en las previas el de Brian Clough con Don Revie y quedó algo descafeinado porque ninguno ofreció su mejor versión.

La zona técnica era un escenario de Eurovisión. Cada uno, con su canción. Setién, más de cantautor; Caparrós, rockero. Quique no va de solista porque Eder Sarabia aporta también su voz. Kjaer lanza un bote de gel alimenticio al cuadrilátero bético y pide disculpas. No era el regalo de un fan. El primer espontáneo que cruza las zonas es Boudebouz, camino de un calentamiento que señala directamente el mal estado de Guardado, que nunca debió ser titular. Caparrós utiliza la percusión del chasquido de dedos, seguramente inaudible para los suyos con el ambiente del Villamarín, que le pitaba y le recordaba a familiares directos cada vez que el foco se posaba sobre su figura.

Los periquitos saltaron nada más pitar Álvarez Izquierdo el final de la primera parte, sorprendiendo a uno de sus asistentes. Refresco para todos. El 1-0 recordaba al de la temporada anterior. En el ambiente se advertía que el Betis no estaba bien y que el Sevilla tenía pulso. Lo demuestra Ben Yedder con su pillería ante Pedro, Bartra y Mandi. Saltan los «infiltrados» en las gradas. El gol, otra vez, es pírrico para el autor. Despierta al Betis del toque, que marca una jugada de tiralíneas que no anota Loren por tratar de controlar en lugar de empujarla. Joaquín pide el cambio cuando llega a la altura de Setién tras presionar. Ovación en la despedida en casa de una temporada sensacional del capitán.

A Banega le sobran unos gestos hacia Gol Sur cuando va a sacar un córner que protestó mucho Bartra tras porfía con Sandro. Desde esa esquina nació el gol de Kjaer. Se oye a los Biris en la banda sonora del partido. Ahora toma más sentido el gigante «Vengo a verte». Pero marca Loren en una acción de fe y fortuna. El Villamarín aprieta con una percusión que ni Mayumana. La única referencia temporal es el cartel del tiempo de alargue. Con el pitido final estalla el Villamarín en alivio y alegría. Ben Yedder lanza la pelota al aire enfadado porque su equipo pudo ganar. El primer cántico recuerda el 3-5 de la primera vuelta. Caparrós hace lo suyo apretando los puños. Cada uno empieza su partido fuera del terreno de juego. Lo objetivo es que Sevilla tendrá a dos equipos en Europa la próxima temporada. El Betis está de vuelta y el Sevilla modela la figura histórica de Caparrós, mientras regresa, por el camino largo, a la competición que le brindó más laureles.

Mateo González

Mateo González

Jefe de Sección de Deportes en ABC de Sevilla
Mateo González

@Matglez

Periodista / Journalist. Jefe de Deportes de @abcdesevilla, @AFDLP y @Orgullo_Nervion RT no significa estar de acuerdo
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