Un ascenso de portería a portería

Por  18:01 h.

Como bien decía Iriney, uno de los grandes protagonistas del ascenso a Primera, “el Betis es como un cuerpo humano”, en el que se puede englobar al equipo, a todo el club y al Beticismo, que ha disfrutado como nunca lo había hecho, tras unos años de continuas decepciones y dos temporadas seguidas en Segunda división. Es por eso que, con el regreso a la máxima categoría, es momento de hacer balance deportivo de la campaña.

En el curso 10/11, el Betis ha ganado en equipo, ha recuperado un vestuario muerto en los últimos años y eso se ha notado en el terreno de juego. Tanto es así que en defensa es uno de los equipos menos goleados de Segunda. Durante la temporada, Pepe Mel ha contado básicamente con dos porteros, Iñaki Goitia, que comenzó como titular, y Casto Espinosa, que, incluso empezó como tercer portero, tuvo en verano pie y medio más fuera que dentro del Betis. Pero tras una gran actuación del meta extremeño en Copa del Rey, sobre todo en la eliminatoria ante el Barcelona de Guardiola, contrastada con una nefasta del guardameta vasco en Liga ante el Elche, provocó que el técnico madrileño optara por el cambio de portería, por lo que, con trabajo en silencio y una gran regularidad mantenida en sus actuaciones, Casto se convirtió en el portero del ascenso.

Con todo, el buen trabajo de los porteros no podía haberse visto refrendado si no hubiese sido por el rendimiento de la defensa y de un futbolista que ha cambiado de la noche a la mañana, el anteriormente mencionado Iriney. El brasileño, quizás uno de los jugadores más amonestados de la categoría, ha demostrado compromiso, casta y tensión en cada uno de los encuentros que ha disputado, lo que le ha dado pie a ser el auténtico líder de los béticos en este ascenso, amén del debut como central de Miki Roqué, que no pudo acabar el curso por la desgraciada noticia del tumor que padecía y que le obligaba dejar el futbol.

Pero hablemos de estandartes sobre el terreno de juego: la delantera. Mel empezó a trabajar en El Portil y La Manga con dos sistemas, el 4-3-3, que podía convertirse dada la polivalencia de algunos jugadores en un 4-2-3-1, y el 4-4-2, algo que ha llevado a cabo durante la temporada. Pero el preparador madrileño tenía claro que sus tres futbolistas de ataque Rubén Castro, Jorge Molina y Emana iban a tener, seguro, un puesto en el once titular, lesiones y sanciones aparte. En el debut, Mel no pudo contar con el camerunés, pero el recién llegado Jorge Molina, pichichi de la categoría en la campaña anterior, se destapó anotando dos de los cuatro goles con los que el Betis goleó al Granada. Pero el alicantino se lesionó de gravedad en el partido de Copa del Rey ante el Salamanca en Heliópolis y no volvió a jugar en un tiempo, por lo que la responsabilidad goleadora recayó en el punta canario, que venía de hacer una buena campaña en el Rayo y Pepe Mel lo conocía perfectamente, y Emana que ya dio la victoria al equipo en Huelva, en la segunda jornada, con otro doblete, por ejemplo. La temporada ha ido avanzando y salvo lesiones de Molina y Emana, el que siempre ha estado al cien por cien ha sido Rubén Castro, que se ha convertido en el máximo goleador del equipo, seguido de Jorge Molina y Emana.

Pero la temporada ha tenido muchísimas luces y muy poquitas sombras. Ya en el debut liguero frente al conjunto granadino, el Betis empezó a mostrar las líneas de juego que iban a marcar el curso: mucha posesión de balón y toque, presión arriba al rival para robarle el esférico y una pegada brutal en punta. Tras el triunfo ante el Granada (4-1), otras tres victorias seguidas, dos frente el Recreativo y el Elche como visitantes y contra al Valladolid en casa, que dejaban a las claras que el Betis iba a ser uno de los firmes candidatos al ascenso. La primera derrota llegó en Albacete, en la quinta jornada, un encuentro muy igualado, en el que el equipo de Mel no estuvo bien, aunque pudo ganar y pudo empatar, aunque al final perdió. Tras ganar a la Ponferradina, empatar en Las Palmas, ganar al Gerona y golear al Salamanca en El Helmántico, llegaron los enfrentamientos ante los que iban a ser rivales directos por el ascenso, el Rayo y el Celta de Vigo. El primero ante los rayistas fue cumplimentado con solvencia y claridad por los béticos, por un rotundo 4 a 0, mientras que empató contra el Celta a un gol. Después de ganar al Xerez en Heliópolis, el Betis perdió su segundo partido de la temporada, esta vez en Cartagena, donde sufrió una remontada en dos minutos, al final del encuentro.

El siguiente partido importante fue en Tenerife. El Betis se plantaba en las islas con presidente nuevo. Después de la junta extraordinaria del 13 de diciembre, los administradores de las acciones de Lopera, derrocaron al poder establecido hasta ese momento por Luis Oliver (Manuel Ruiz de Lopera), Jaime Rodríguez Sacristán y Manolo Castaño. Salió un nuevo consejo de administración cuyo presidente sería Rafael Gordillo, que debutó en la goleada del Betis al Tenerife, con dos goles de Emana y uno de Rubén Castro. Pero el peor momento deportivo llegó con el último partido de la primera vuelta y los cuatro primeros de la segunda. El Betis cayó en Villarreal, frente al filial amarillo, y a partir de ahí, enlazó cinco derrotas consecutivas, lo que llevó a Pepe Mel a estar incluso cuestionado por la afición y la opinión pública en general, pese a la gran trayectoria que el equipo había tenido hasta ese momento. Por eso el partido ante el Albacete se convirtió en una final, pero el Betis consiguió levantar el partido y venció por 2 a 0.

Uno de los partidos más polémicos de la campaña fue en Ponferrada. El conjunto local se adelantó pronto en el marcador, pero con mucho trabajo los de Mel lograron empatar el partido. Desgraciadamente, el protagonista del choque fue Hernández Hernández, que, con una lastimosa actuación, privó al Betis, con un penalti no pitado y un gol legal anulado a Jorge Molina por una supuesta falta del delantero, de una derrota que hubiese sido muy importante. En la segunda vuelta los partidos frente a los rivales no fueron positivos, con derrota en Vallecas ante el Rayo y un empate en casa ante el Celta, pero a partir de ahí el conjunto heliopolitano enlazó una importante racha de victorias que, sumado al bajón todavía mayor que el Betis que ha sufrido el equipo gallego, han aupado de forma definitiva al Betis a Primera división.