Javier Clemente y sus jugadores de la selección española se ejercitan en el Benito Villamarín en la víspera del España-Armenia de 1995 (Foto: ABC).
Javier Clemente y sus jugadores de la selección española se ejercitan en el Benito Villamarín en la víspera del España-Armenia de 1995 (Foto: ABC).

Clemente: “La selección dejó de ir a Sevilla porque estaban aburridos de vernos”

El seleccionador nacional en 1995 recuerda la última ocasión en la que el combinado nacional pisó el Villamarín, al que vuelve el lunes ante Inglaterra

Por  5:34 h.

La última vez que la selección española de fútbol pisó el estadio Benito Villamarín fue el 7 de junio de 1995. El combinado nacional se deshacía de Armenia por 1-0 gracias al gol de Fernando Hierro de penalti. Dirigía a España Javier Clemente (Baracaldo, 1950). Nada menos que 23 años han pasado. En aquellas fechas Sevilla era la sede fija de la selección, con el Benito Villamarín y el Ramón Sánchez-Pizjuán alternándose los partidos oficiales. Fue una decisión motivada en los años de Miguel Muñoz y que en Heliópolis tuvo su germen en el 12-1 ante Malta de diciembre de 1983, que se mantuvo en el tiempo de Luis Suárez y Vicente Miera pero que acabó en la etapa de Clemente. Aquel choque ante Armenia quedó marcado para el recuerdo por la polémica de no alinear a Ángel Cuéllar, ídolo bético, a pesar de estar calentando en la banda. Ahora España será bienvenida en el Villamarín con prácticamente un lleno.
«Pues no me acuerdo bien de ese partido, la verdad». Javier Clemente responde amable a la llamada de ABC de Sevilla para refrescar la memoria de aquel encuentro. «Marcó Hierro de penalti. Ah, sí. Armenia era un equipo que iba a más y nos lo puso difícil pero nosotros no tuvimos ningún problema para clasificarnos para la Eurocopa. Ganamos casi todos los partidos», reacciona el que fuera seleccionador nacional entre 1992 y 1998.
Clemente tiene claro que tanto el Villamarín como el Sánchez-Pizjuán fueron buenas sedes para el combinado nacional pero apuntaba un defecto que, en su opinión, motivó el cambio de ubicación. En el coliseo verdiblanco jugó trece partidos, con doce victorias y la derrota de octubre de 1991 ante Francia. «Sevilla siempre ha respondido con la selección en los partidos importantes pero en los choques contra rivales menores o que parecía que teníamos la victoria clara la gente nos dejaba de la mano. Para los trascendentes sí. Recuerdo el de Eire, Dinamarca… El lunes contra Inglaterra seguro que habrá un lleno en el Villamarín porque es una buena selección y es un partido oficial. En Sevilla siempre nos apoyaban mucho en esos partidos», afirma.
En todo caso, Clemente fue señalado como uno de los responsables, si no el principal, de que España no volviera tan asiduamente por Sevilla. El preparador nacido en Baracaldo se defiende. «Me pusieron a mí el papel de malo. Fue (José Ramón)De la Morena. Dejamos de ir a Sevilla porque en muchos partidos de la selección no iba gente. Estaban aburridos de vernos. Y fue un acierto. Fue bueno para todo el fútbol español. Había otros campos en los que estaban deseando acoger partidos de la selección. Entiendo que en Sevilla se prefería que fuera siempre la selección. Es lógico pero optamos por rotar por todos los campos. Otras ciudades con equipos humildes o campos más pequeños los llenaban porque tenían mucha ilusión. El fútbol español lo agradeció», considera Clemente en su particular visión de lo sucedido, a la que añadía que en el Villamarín «en un partido el césped estaba fatal, en otro pusieron muñecos en las gradas porque no podía ir gente a los fondos…». En clara referencia a la poca adecuación del estadio heliopolitano a la normativa de los noventa para albergar este tipo de partidos, a diferencia de la consideración que ahora tiene el Villamarín tras las evidentes mejoras en sus estructuras. «Yo siempre he estado a gusto con la selección en Sevilla, que conste», corona.
En aquel encuentro de junio de 1995 la afición que se dio cita en el Villamarín reclamó por activa y por pasiva la presencia sobre el césped de Ángel Cuéllar. Goleador verdiblanco e ídolo de la grada, Clemente tuvo al zurdo calentando durante un buen rato en la banda pero en la sustitución que le quedaba para sacar del campo a Julen Guerrero decidió dar entrada a Caminero. La bronca del Villamarín fue sonora, el técnico recibió insultos y todo ello coincidió con la marcha del equipo nacional de Sevilla. Clemente prefiere pasar página. «No lo recuerdo. Ángel me caía muy bien. Me gustaba como futbolista. Si no lo saqué fue por circunstancias del partido. No opté entonces por ese cambio. No tengo nada en contra de Ángel. Él vino siempre a la selección muy contento y agradecido», asegura.
Más allá de lo que sucedió aquella noche de junio, Clemente tiene una imagen propia de cómo se comporta la afición del Villamarín habitualmente. La ha vivido a su favor o en contra tanto como seleccionador como entrenador del conjunto verdiblanco. «Es un campo con calor. Al público del Betis le gusta la juerga, es folclórico y apoya y anima mucho. Cuando haces partidos buenos no tienes problemas pero cuando no te salen las cosas son muy críticos. Es algo peligroso para la selección», aprecia.
Acerca del Betis actual, que con Quique Setién al frente está llamando la atención por sus resultados y su fútbol, Clemente reconoce que «juega bonito» y apunta a que «tiene como objetivo ir a la Champions», aunque prefiere no entrar en más detalles: «Se ha reforzado mucho. No sé en qué dimensión podrá alcanzar los resultados».
Y vuelve a utilizar la memoria para hablar de los meses en los que dirigió la nave bética en la temporada 1998-99, cuando cerró la campaña tras sustituir a Vicente Cantatore en un curso complicado porque en pretemporada el vestuario fue dirigido primero por Luis Aragonés y después por Antonio Oliveira pero ninguno llegó a estrenarse en ese campeonato liguero. La del Betis fue la primera experiencia de Clemente tras dirigir a la selección pero recuerda, principalmente, el descontento final. «La última vez que yo estuve en ese campo nos salvamos y a la gente no le gustó que quedáramos a mitad de la tabla. Les parecía poco y al año siguiente se gastaron mucho dinero y bajaron a Segunda. No estaban contentos conmigo. En ese campo viví un poco de todo», afirma Clemente sobre el Villamarín.
Especial fue su relación entonces con Manuel Ruiz de Lopera, un presidente a la vieja usanza de quien Clemente sí tiene palabras positivas por el protagonismo que considera que tuvo en la etapa incipiente del Betis en los noventa. «Lopera no fue un mal presidente. Si no hubiera estado en los años malos el club estaría hundido económicamente. Salvó una situación bastante complicada. En los primeros años en los que invirtió con la entrada como sociedad anónima salvó al Betis. Luego me marché y no sé lo que ha pasado allí», sentencia.

Mateo González

Mateo González

Jefe de Sección de Deportes en ABC de Sevilla
Mateo González

@Matglez

Periodista / Journalist. Jefe de Deportes de @abcdesevilla, @AFDLP y @Orgullo_Nervion RT no significa estar de acuerdo
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