Joaquín, la final de la UEFA y una promesa a unos béticos que emigran a Chile

El capitán conversó con una familia de aficionados del Betis que se marcha a vivir a Santiago de Chile

Por  13:18 h.

“Hay una leyenda que recorre el mundo entero…”. La frase, por supuesto, es más que conocida por parte de los aficionados del Betis, ya que forma parte del himno oficial del club. Y no puede ser más acertada, porque el sentimiento bético va mucho más allá del Benito Villamarín. De Sevilla. De España. Llega a infinidad de lugares del mundo, como ocurre, por ejemplo, con Chile. Y Joaquín ya lo sabe bien.

Porque a la concentración de Montecastillo se acercó una familia de Sevilla para fotografiarse con el capitán del Betis. Carlos e Idina, junto a sus hijos Carlos y Berta y algunos amigos, estuvieron en las instalaciones donde estaba concentrado el conjunto verdiblanco y allí hablaron con Joaquín. Le contaron una promesa que le habían hecho a su hijo mayor. Y el capitán del Betis les contestó, entre bromas, con otra.

Resulta que esta familia se marcha a vivir dentro de diez días a Santiago de Chile por motivos de trabajo, algo que, hablando del Betis, ha trastocado bastante los planes del joven (14 años) Carlos. Éste, bético de nacimiento y socio desde hace muchos años, intenta no perderse ningún partido de su equipo en el Benito Villamarín, algo que ahora no podrá seguir cumpliendo y que lo tiene un poco preocupado.

Y por eso ha conseguido que sus familiares le hagan una promesa: si el Betis llega a la final de la Europa League, le regalarían el viaje de Santiago de Chile a Bakú (Azerbaiyán), donde la UEFA ha fijado la sede para dicho encuentro. Unas 40 horas de vuelo y un desembolso importante, pero todo sea por el Betis. Joaquín escuchó la historia y, tan cercano como siempre y con su humor característico, le dijo a Carlos que “a ver si es verdad. Qué arte. Si hace falta, yo te acompaño. Me voy para allá, para Chile. ¿Vale o no?”. El primer objetivo de esta familia ya está conseguido: se marchan a Chile empapados de beticismo. Ahora toca el segundo: que la promesa se pueda hacer realidad.

Redacción

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