Leganés – Betis: Error previsible, bochorno inadmisible

El Betis perdió como cada vez que juega como visitante ante un rival, a priori, inferior; la imagen dada desde el pitido inicial fue la peor de la temporada

Por  9:39 h.

Sin excusas. Pero de verdad. Ni el horario, ni las lesiones, ni las rotaciones, ni el cambio de chip, ni el juego «feo» del rival. Nada vale. No se puede utilizar ninguno de estos argumentos, ni siquiera con la boca pequeña. Porque el encuentro perpetrado por el Betis en Butarque no hay por dónde cogerlo. Un bochorno inadmisible, una imagen paupérrima y una actitud indigna por parte de un equipo profesional. Si a todo eso le unimos que el entrenador, Quique Setién, tardó 45 minutos en reaccionar y que el remedio fue peor que la enfermedad, sale el partido más pobre de la temporada. Quizás, incluso, de todo el tiempo que lleva el cántabro como verdiblanco. Superado de principio a fin por un rival, a priori, inferior. Y el verdadero problema es que esta última frase la podríamos haber utilizado en casi cada salida del Betis en lo que va de campaña. Cada vez que le toca jugar contra un equipo de la zona de abajo o que, por plantilla, está a años luz de la verdiblanca, llega la metedura de pata. Por eso, aunque sea triste, la derrota contra el Leganés era previsible. Pero lo que no entraba en la cabeza de nadie era el ridículo que cometieron los heliopolitanos en la capital de España.

Porque eso es lo que pasó desde el pitido inicial. A los diez segundos pudo llegar el primero de los locales. En el primer minuto ya iban tres ocasiones en contra. El Betis no es que saliera dormido, es que no hizo acto de presencia en todo el encuentro. Y así, como es lógico, lo único que podía pasar es lo que terminó pasando. Era cuestión de tiempo que el Leganés acertara en alguno de sus acercamientos, sobre todo, porque los verdiblancos cada vez se lo ponían más fácil para disparar a puerta sin oposición. La revolución en el once no hizo más que traducirse en un caos. Con Feddal sin estar en condiciones -ha pasado por una gripe que le llevó a urgencias- para la disputa de encuentro en la elite y con los constantes errores del resto de sus compañeros -no se salva nadie-, era imposible que el cuadro pepinero no acertara. Y lo terminaría haciendo En-Nesyri en el minuto 21. El delantero, a la postre el gran protagonista del duelo, aprovechó la pasividad de todo el Betis para controlar el balón dentro del área, colocárselo, mirar al portero y disparar. Muy mal, por cierto, pero el rechazo de Barragán acabó dentro de la portería de Pau López. El golpe no cambió nada. Los jugadores verdiblancos continuaron deambulando por el terreno de juego mientras que Setién no movía ninguna ficha. Y, aprovechando tal desastre, el Leganés siguió empujando hasta que sentenció en el minuto 35 con otro tanto de En-Nesyri. Todo quedaba finiquitado al descanso, de modo que lo único que quedaba por ver era si el técnico cántabro era capaz de tocar algo en la caseta para cortar la sangría de goles que había comenzado y parecía no tener fin.

Nada más lejos de la realidad. Setién dio entrada a Lainez por Feddal, pero el estropicio fue aún mayor. Porque los huecos atrás fueron abismales. El mexicano comenzó como carrilero derecho, con Barragán como central y Francis continuó por la izquierda. El entrenador del Betis se empeñó en no cambiar el sistema, así que volvió a varias las posiciones de los futbolistas para que Lainez y Francis intercambiaran las alas. Tampoco sirvió de nada. El Leganés siguió campando a sus anchas, tocando con peligro cada vez que lo necesitó y demostrando que la posesión (68% para los de Heliópolis) no vale para nada si no se utiliza para hacer daño al rival. Así que, como en la primera parte, era cuestión de tiempo que los locales volvieran a batir a Pau López. Ocurrió en el minuto 65, cuando otra vez En-Nesyri -logró su primer «hat-trick»- aprovechó las facilidades de una defensa bética que no paró de hacer aguas.

De ahí al final, nada. Más inoperancia. Dos cambios intrascendentes, una expulsión algo rigurosa y un pitido final que sirvió hasta de alivio. Todos estuvieron mal. Y es que, cuando falta actitud, da hasta igual la aptitud. Por eso William Carvalho y Kaptoum, por poner dos ejemplos, estuvieron igual de erráticos aunque uno sea internacional y cueste 20 millones, y el otro sea un canterano recién salido del segundo equipo. El análisis debe ir más allá. Para empezar, debe centrarse en el entrenador. Quique Setién, que luego se metió en el charco de menospreciar el juego del Leganés, le ha dado mucho al Betis desde su llegada. Pero es innegable que tiene un mal endémico que no quiere corregir. Ha quedado más que demostrado que ese juego vistoso que le sirve para ganarle al Barcelona, al Madrid, al Sevilla y al Milán, por ejemplo, es inútil cuando toca remangarse y bajar al barro. No prepara al equipo para ello, por más que se viera que contra el Atlético jugó bien aunque fuera a contraestilo. Los tropiezos contra Getafe, Villarreal, Huesca, Athletic y Leganés no pueden ser casualidad. Y por otra parte está la de club, con esa comisión deportiva a la que tanto se ha alabado (con razón). Serra, Haro y Catalán han mejorado muchísimo la plantilla del Betis en el último año y medio, pero también es una obviedad que en este mercado el equipo necesitaba un nueve puro y un lateral izquierdo, y ninguno de los dos ha llegado. Toca hacer autocrítica. La clasificación europea no se puede escapar.

Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes de ABC de Sevilla
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