Sevilla – Betis: Pasión a borbotones y pegada sevillista

Toda la clarividencia que le faltó a Jesé en sus duelos con Vaclik, la tuvo el Sevilla en tres latigazos definitivos

Por  11:20 h.

Nada intrascendente hubo en el derbi, cargado más que nunca de pasión, como rezaba el tifo del Gol Norte: «Sevilla es pasión», podía leerse. El mensaje se entendía a la perfección y venía que ni pintado. Pero no sólo hubo pasión. También todos aquellos ingredientes que últimamente saltean de picante el guiso de la máxima rivalidad. La igualdad es manifiesta. Hubo nervios, intensidad, ocasiones erradas, cinco goles de exquisita factura y hasta las escaramuzas finales y la dureza en las entradas -Banega, Rog y Mandi se pasaron de vueltas- cuando la partitura verdiblanca ya sólo contemplaba el acoso y derribo mientras el Sevilla, sin Banega ni el balón y poco oxígeno en los pulmones pero mucho corazón, apelaba a la más estricta resistencia. Desde el estupendo gol de Franco Vázquez, una de esas genialidades que muy de vez en cuando se saca de la chistera el singular centrocampista argentino, el Sevilla activó el plan B. Era el momento de atrasar las líneas y compactarse aún más tras sacarle mucho rédito a la presión alta aprovechando los regalos del Betis.

El partido exprimió cada minuto. No hubo tiempo ni para pestañear. Fue un pulso de alto voltaje, vibrante y de mucha necesidad entre dos equipos antagónicos. El juego, o para ser más exactos la posesión del balón, la acaparó el Betis en la mayor parte de las fases del partido, sobre todo al inicio y desde el 3-1, pero la efectividad la patrimonializó el Sevilla, autor de tres latigazos en momentos claves. El gol es oro, gasolina súper, lo que en este juego tan volátil y difícil de explicar a veces todo lo justifica. El primero, de Munir, lo activó después de un flojo arranque, con el equipo un tanto desnaturalizado por la extraña ubicación de Roque Mesa desplazado a la izquierda. Los otros dos, en dos fogonazos que respondieron perfectamente al plan de partido de Caparrós, acabaron de trazar la gruesa divisoria en el análisis: toda la contundencia que le faltó al Betis en sus numerosas aproximaciones al arco nervionense, la tuvo el Sevilla. Su pegada fue letal, la que se le supone a un equipo que sigue buscando el billete para la Liga de Campones. Necesitó mucho menos que el Betis para hacer daño. Y eso, en la élite, es decisivo. Los anfitriones le pusieron el punto final a sus jugadas mientras los visitantes emborronaban las líneas definitivas de su guion por su nula clarividencia en los metros finales. Aunque con razón esgrimirán desde Nervión que Vaclik, en su regreso a la portería tras cuatro partidos y cinco jornadas ligueras de baja, protagonizó una gigantesca actuación. Y no habría cómo discutir esa apreciación. Todo depende, claro, del cristal con que se mire, aunque añadiendo ambas variables al análisis y agitándolas, posiblemente aquel resulte más ajustado a lo sucedido.

Buena actuación de Vaclik
Todas las flores se las lleva el guardameta checo, un cerrojo indescifrable para Jesé, negado el delantero todas las veces que lo encaró. Una, dos, tres, cuatro y cinco. Casi siempre le taponó el tiro el arquero, cuando se pitó fuera de juego y cuando no lo hubo, salvo en la segunda, cuando Navas se desquitó del error corriendo hasta su portería y recogiendo el tiro sin veneno ni fuerza del exmadridista.

A falta de Gonalons, vaya cómo lo echó de menos al Sevilla para darle consistencia al centro del campo y tapar las vías de agua de la pareja de centrales, el equipo se refugió en la providencia de Vaclik, el último muro que no salvó el Betis. O, más bien, Jesé, a quien le amargó la noche. Se le bajó la persiana cada vez que lo tuvo enfrente y acabó sustituido. Quizá demasiado tarde para los intereses verdiblancos. Con 3-1, no arriesgó demasiado Setién. Joaquín por Emerson, Loren por Jesé y Tello por Sidnei. Caparrós tenía el partido donde quería. Le dio carrete a Promes, a Vidal y se vio obligado al cambio de Rog por Banega, quien se lastimó seguramente en la durísima entrada a Joaquín.

Se volcó el Betis y sólo obtuvo como rédito el tanto del extremo en otro exquisito golpeo de falta. Otro gol para Tello en Nervión. Y otra asistencia y otro gol para Sarabia, el hombre de las «dobles-figuras» del Sevilla, un jugador determinante, de incalculable valor. Su centro a Munir, con rosca, es prodigioso en el primer tanto y su relación con el gol, cómo explicarla. Otra vez en el sitio tras una galopada de área a área, hasta que Ben Yedder levantó el periscopio y localizó al madrileño en el segundo palo. Está iluminado. Ni con el 3-1, tras el zapatazo del Mudo, decayó la tensión ni la emoción. Pura efervescencia. El partido siguió abierto hasta el cierre. El Betis había coleccionado ocasiones, pero no era la noche. Los dos saques de esquina de Tello finales, sin mucha fe, lo evidenciaron. El Sevilla volvía a ganar un derbi. No lo hacía desde febrero de 2017. Y venció con Caparrós y Monchi, como en los viejos tiempos.