Joaquín, a la izquierda, junto a su hijo y su sobrino Ángel Oliveros
Joaquín, a la izquierda, junto a su hijo y su sobrino Ángel Oliveros

El único jugador que ha ganado la Liga con el Betis y el Sevilla

El mítico futbolista Joaquín Jiménez, que hubiera cumplido ahora cien años, es el único que ganó la Liga con el Betis y con el Sevilla

Por  11:54 h.

Joaquín Jiménez Postigo, tiene un honor único y singular. Ha sido el único futbolista que ha ganado la Liga con los dos equipos sevillanos, el Betis y el Sevilla. Desarrolló una larga y exitosa carrera que lo convirtieron en un histórico del club de Nervión. Murió con 87 años, el año del Centenario del Sevilla y ahora se cumplen cien años del nacimiento de quien además de esta singularidad tiene la de ser tío de otro mítico futbolista del Sevilla, Ángel Oliveros. El que fue conocido en los terrenos de juego como Joaquín, sin necesidad de más apelativos, era de Alcalá de Guadaíra. Tanto que pasó su infancia en uno de los molinos harineros del río Guadaíra, el de San Juan, que aún entonces se mantenía en funcionamiento. También en Alcalá se inició en el fútbol, en un conjunto denominado Once Diablos. De ahí pasó al Betis. Siendo muy joven, con apenas 16 años militó en la primera plantilla del equipo en la temporada 34-35, en la que los béticos lograron ganar la Liga. En esa competición Joaquín no llegó a jugar. Pero en la Copa del Presidente de la República, equivalente a la actual Copa del Rey, sí disputó varios partidos. En cualquier caso su nombre está inscrito en la plantilla que alcanzó la única Liga de los verdiblancos.

Cuando acabó esa temporada, Joaquín fichó por el Sevilla con la mediación de su cuñado Ángel Oliveros. Ya en esa primera temporada jugó todos los partidos de Liga, con sólo 17 años. En el Sevilla estuvo hasta 1950, siendo titular fijo y sumando éxitos. Entre ellos tres campeonatos regionales de Andalucía y dos Copas del Generalísimo en 1939 y 1948. Esta última la levantó como capitán del equipo. Ángel Gutiérrez Oliveros, sobrino nieto de Joaquín, ha recopilado mucha de las anécdotas de su trayectoria y cuenta que en la celebración de este título antes de los actos oficiales en Sevilla, que se iniciaron con un paseo en coche de caballos desde la Cruz del Campo, el equipo fue recibido en Alcalá y Joaquín, con la Copa de España en la mano, salió al balcón de la Casa Consistorial a saludar a sus paisanos.

Con el mítico Sevilla de los «stukas», fue subcampeón de liga en las temporadas 1939-40, 1942-43. Y en la temporada 1945-46 se proclamó campeón de Liga con el Sevilla. Ese año jugó todos los minutos de la competición. Fue uno de los mejores laterales de la historia del Sevilla y disputó más de 280 partidos en una época donde las competiciones eran más cortas y no había torneos internacionales. Además, debido a la Guerra Civil hubo tres años sin Liga. También fue convocado por la selección nacional, pero no llegó a debutar. Tenía una gran preparación física y prestaba una atención a este aspecto poco común en la época. Fue absolutamente fiel al Sevilla, lo pretendió el Real Madrid, que intentó ficharlo en varias ocasiones pero siempre se negó a marcharse. Su periplo como futbolista terminó en 1951. Pasó entonces a ser segundo entrenador. En 1961, su sobrino Ángel Oliveros llegó al primer equipo. Entonces dejó el cargo de segundo entrenador por ética profesional. No quería ese puesto con un familiar en el equipo. Ángel Oliveros llegó a ser uno de los mejores futbolistas de su época. Tío y sobrino configuran también un caso singular en la Liga española por el parentesco de los que en su momento fueron futbolistas de élite. La decisión de dejar el cargo de segundo entrenador por una cuestión ética define a Joaquín, hombre muy recto al que en el vestuario apodaban «Joaquinito Reglamento». Siguió en diversas labores en el Sevilla y tras dejar el fútbol tuvo negocios de hostelería en Alcalá de Guadaíra. Tuvo un hijo y una hija. Murió a los 87 años de edad en el año del Centenario del Sevilla.

Cinco mil pesetas por ser campeones

Entre las actuaciones más destacadas de Joaquín está la que protagonizó en el último partido liguero de 1946. El Sevilla se jugaba el título contra el Barcelona en campo contrario. El ambiente contra los sevillistas era tremendo y buscaba amedrentarlos. Pero Joaquín junto al mítico delantero Juan Araujo sostuvieron la moral del equipo y lucharon como fieras. Al final empataron 1-1 y de esa forma lograron el título. Una anécdota que da idea de su compromiso con el club y de su espíritu competitivo. Un periodista preguntó a Joaquín antes de empezar el partido si le motivaban las 5.000 pesetas que el Sevilla había prometido a los futbolistas por ganar el campeonato. Joaquín contestó sin dudarlo: «Las cinco mil pesetas las pagaba yo por ser campeones».