Los jugadores del Betis celebran el gol de Bartra ante el Sevilla (foto: AFP)
Los jugadores del Betis celebran el gol de Bartra ante el Sevilla (foto: AFP)

Betis-Sevilla: esto no es un partido

En Sevilla, el fútbol es la vida misma, una manera de ser, un sentimiento, una agarradera
Por  11:14 h.

Mientras desayunaba -yo pensaba que temprano, pero los lamparones que tenía ya el ABC me desmentían- un señor muy bien maqueado se acercó hasta mi posición en la barra y, con exquisita educación, me dijo: “Os vamos a cascar”. Lo escruté de arriba a abajo para tratar de identificarlo antes de contestarle, pero no lo había visto en mi vida. El hombre tuvo el detalle de no invadir mi espacio ni mi tiempo. En cuanto terminó de enviarme su mensaje, acompañado de una mueca de satisfacción en la cara, se marchó sin molestar. Me quedé unos segundos en fuera de juego, pero el camarero me devolvió al partido: “Te tenía fichado”. Yo diría más: me estaba haciendo un marcaje del corte de Alfaro. Pero me gustó. Me vine arriba. El hecho de que aquel sevillista me hubiese identificado como bético y se atreviera a dejarme un recado me pareció entrañable. Me sentí orgulloso.

 

Un rato después, en la plaza del Salvador, un grupo que estaba tomándose unas cuantas junto a la estatua de Martínez Montañés me hizo señales para que me acercara. Eran todos sevillistas. Y parecían estar de acuerdo en la pregunta, aunque sólo el más veterano tomó la palabra: “¿Qué? ¿Estáis muy asustados?”. Me la puso botando: “¿Y vosotros?”. Una mujer que pasaba por allí se alió conmigo dada la coyuntura -tampoco la había visto en mi vida- porque los ejércitos se forman siempre donde esté la guerra. “¡Pregúntales que cuándo llega Mariano!”, gritó sin rebajar el ritmo de sus andares. Iba con prisa. Uno de los tertulianos no pudo contenerse: “Lo que está claro es que va a llegar después que usted”. Cómo corría la señora. Me despedí de la reunión tras un intenso cruce de leñazos tobilleros y continué por mi banda reflexionando conmigo: estos son los valientes que largan antes del partido, así que no quiero ni pensar la que me van a dar como perdamos.

 

Tecleé desesperadamente en la pantalla de mi teléfono “Alfinaldelapalmera.com”. ¿Viene Rafinha o no? ¿Ahora el que está hecho es Lo Celso? Vaya salto de calidad estamos dando. ¿Joaquín va a jugar o sigue lesionado?… Las dudas me comían. Hasta que empecé a hacerme preguntas aparentemente más trascendentales: ¿qué estoy haciendo?, ¿por qué me preocupa a mí tanto esto si es sólo un partido de fútbol? Meditaba justo esto cuando llegué al trabajo. El compañero que está en la entrada me sacó de mi ensimismamiento. “Verás la que va a formar Jesús Navas”, dijo como si estuviera hablando solo, de remanguillé. Vaya día.

 

Luego me llamó mi hermana con una excusa barata. Todo lo que me dijo era puro relleno preparatorio para llegar a la única frase que había motivado la conversación: “Estoy acojonada”. Joder, qué agobio. A un amigo, un rato después, le pregunté si iba al campo el domingo. Me miró con gesto destemplado y se abrió los botones de la camisa. “¿Tú estás loco? ¿Qué quieres, que me dé otro infarto?”. Ya se me había olvidado la cicatriz que tiene en el pecho. Y al llegar a casa me topé en la plazoleta con unos niños echando una pachanga. Sólo había camisetas de dos equipos. Esa es toda la historia. En otras ciudades el fútbol es sólo un entretenimiento y la mayoría de la gente simpatiza con un equipo que sólo puede ver por la tele. Aquí no. Aquí el fútbol es la vida misma, una manera de ser, un sentimiento, una agarradera. Por eso esto no es sólo un partido. Y por eso esta tierra está partida más o menos por la mitad desde los tiempos de los romanos. Está dividida por un río que se llama Betis. Eso que quede claro.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla