Setién observa la evolución del juego junto a Francisco durante el Betis-Huesca (Foto: Juan José Úbeda).
Setién observa la evolución del juego junto a Francisco durante el Betis-Huesca (Foto: Juan José Úbeda).

La Sevilla de Setién

Es curioso que un entrenador tan inteligente caiga en esos tópicos del norte y el sur que han aflorado durante siglos
Por  12:06 h.

Sostiene Setién que Sevilla es una ciudad irracional, y que él está acostumbrado, como hombre del norte, al sentido común. Es curioso que un entrenador tan inteligente caiga en esos tópicos del norte y el sur que han aflorado durante años, o durante siglos, y que permanecen intactos en los arquetipos que usan los que despachan lo complejo con un argumento tan simple. Vamos a ver, señor Setién: ¿de verdad piensa usted que los norteños manejan el sentido común mejor que los andaluces? ¿Quiere usted decir que el nacionalismo vasco, por poner un ejemplo, es más racional que nuestra apertura a otras culturas sin perder lo que esas mismas civilizaciones han aportado a nuestra identidad?

Por otro lado, el señor Setién olvida, o ni siquiera lo ha aprendido en el tiempo que se ha tirado aquí, que el beticismo es un sentimiento, y como tal, algo que no tiene nada que ver con la razón. Ha sido entrenador del Betis y no se ha enterado de qué va esto. Inaudito. En su honor hay que decir que no ha hecho estas declaraciones de forma arrogante ni altanera, sino reconociendo su falta de empatía con una afición que se lo ha dado todo, empezando por un sueldo que no es el común entre los sevillanos. Ni entre los chicharrones del norte. Porque si el sentido común primara en todo, señor Setién, un entrenador de fútbol ganaría veinte veces menos que un cirujano que se dedica a salvar vidas muy cerca del Villamarín, en el Virgen del Rocío mismamente. Sin embargo, sucede lo contrario. Para que vea lo bien que le viene a usted la falta del sentido común…

En Sevilla, afortunadamente, disfrutamos de todo lo que tiene que ver con los sentidos y con lo sensorial, con lo sensual y con lo sentimental. Somos barrocos y románticos, una mezcla que posibilita obras efímeras y permanentes, momentos suspendidos en el tiempo, lágrimas que se derraman por alegría y sonrisas que conviven con la tristeza. Y eso no debemos perderlo. Los béticos no van a dejar de ser lo que son por un entrenador que viene a llevárselo, como hacen todos los de la orilla verde y los de la margen blanca. Ni los sevillistas van a abandonar su pasión roja de sangre encendida. Si el fútbol también estuviera regido por el sentido común, enseguida se iban a pagar esas cantidades por una entrada al aire libre, bajo el sol o la lluvia, para ver cómo tu equipo gana… o pierde.

Sigamos viviendo con la emoción que provoca un palio angelical envuelto en la corona de cristal del aire, una página de Ocnos en el patio de la casa de Cernuda que el Ayuntamiento por fin va a comprar, un atardecer de jacarandas que anuncian el color del ocaso en su copa florecida. El sentido común queda para los oficios y las oficinas, para que todo fluya como un río de tornillos y albaranes, mientras el espíritu se encarga de vivir. Dejemos al señor Setién en paz con su finiquito. Nosotros, a lo nuestro. A vivir intensamente, como si cada día fuera el primero o el último. Como dice el clásico, nadie da la vida por el sistema métrico decimal.

Francisco Robles

Francisco Robles