Los jugadores del Betis y el Milan, antes del partido (AFP)
Los jugadores del Betis y el Milan, antes del partido (AFP)

Debates

Con la mínima derrota aparece una causa que se inflama hasta que una victoria la devuelve al cajón en una suerte de oportunismo y de montaña rusa que no casa con la racionalidad
Por  9:58 h.

En el Betis, cuando las dudas deportivas afloren no hay mejor remedio que aplicar más Setién. Y más Serra. El entendimiento de esa pareja es lo que tiene al bético dando saltos de alegría en noches como la de San Siro. Que el orgullo de hoy no tape el sufrimiento del ayer. El Betis no es más que edificio en construcción constante pero que parte de pilares sólidos. Está claro que tiene sus vicios y sus limitaciones, que no es ni será infalible porque nadie lo es pero resulta sorprendente la duda externa cuando de puertas para dentro la confianza es pétrea. Los cansinos y eternos debates quedan apartados de un manotazo con una exhibición así. Claro que el resultado es lo más importante pero la manera de conseguirlos no sólo dice mucho de cómo llegan sino de la posibilidad de que se unan otros más en la misma vertiente positiva. Unos debates que nacen raudos de las derrotas y que se extinguen tras las victorias, en una suerte de montaña rusa y oportunismo que tiene poca racionalidad.

Lo que propone este Betis actual es un vehículo para acercarse a las victorias a través de lo que mejor le sienta al futbolista. Nada más y nada menos. Tratar bien la pelota, presionar arriba, respetar la calidad. No quiere decir que un rival que sepa defenderse con criterio y salga al contragolpe no juegue bien. El debate no es estético en realidad. Es funcional. Seguro que es más práctico andar en un ring revoloteando mientras se amenaza con un gancho al rival y éste tiene que estar en permanente tensión defensiva que someterse a una lluvia de golpes confiando en que los jueces sean benévolos en el veredicto final. La apuesta por hacer mejor las cosas, por importar las ideas de quienes más ganaron, no sólo le da más que le quita a este Betis, sino que deja poso para generaciones posteriores y el placer de disfrutar con buen fútbol para los que sienten por esos colores.

Por eso la mala utilización del debate resulta hasta grotesca. Porque siempre aparece una causa que se inflama hasta que acaba escondida en un cajón. Que si faltaba un lateral izquierdo, que si Francis, que si los delanteros… Al final a Setién casi nunca le falta la razón aunque probablemente le sobren jardines en los que meterse. En todo caso, así ejerce de pantalla ideal para que nadie destacara, por ejemplo, el mal día de Inui o Boudebouz ante el Valladolid.

Ahora han desaparecido de golpe todos los debates. O al menos se han agazapado a la espera de lo que suceda ante el Getafe. Cierto es que el Betis sufre demasiado sin espacios, que sus centrales tienen que dar muchas veces el último pase, que las alas han de aportar más desborde, que en las jugadas a balón parado no suele sacar mucho rendimiento… Aspectos a mejorar, a perfilar para que todo lo demás que funciona, que es mucho, tenga mayor sentido abrazado a los resultado. Pero de ahí a generar debates dramáticos y exagerados pues hay un mundo. El mismo que lleva de pedir dimisiones tras caer ante el Valladolid a besar la gloria después de lo de San Siro. El término medio, la memoria y la confianza. Siempre funciona.

 

Mateo González

Mateo González

Jefe de Sección de Deportes en ABC de Sevilla
Mateo González

@Matglez

Periodista / Journalist. Jefe de Deportes de @abcdesevilla, @AFDLP y @Orgullo_Nervion RT no significa estar de acuerdo
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