Fekir se marcha del terreno de juego expulsado en el Betis-Barcelona (Foto: Manuel Gómez).
Fekir se marcha del terreno de juego expulsado en el Betis-Barcelona (Foto: Manuel Gómez).

Acoso y derribo a Fekir por un «¡venga ya!»

Ni el bético fue el único en hacer ese gesto, ni el mismo árbitro lo ha castigado igual otras veces, ni actitudes más chulescas acabaron en expulsión
Por  9:12 h.

“Otro partido más en que los árbitros han perseguido al Betis”, afirmaba José Miguel López Catalán al final del encuentro del domingo frente al Barcelona. Se refería el vicepresidente bético a una nueva afrenta colegial a su equipo, pero, sin quererlo, había definido con una precisión quirúrgica la última cacicada del arbitraje español: la persecución al jugador. La estrenó un señor de Murcia más propio de las comedias del gran Miguel Mihura que del drama futbolístico, José María Sánchez Martínez, y su víctima fue Nabil Fekir.

Hagamos abstracción de las muchas jugadas polémicas acaecidas durante el partido, más que debatidas ya, y centrémonos, por su gravedad, en la acción en que el jugador bético fue expulsado. El árbitro lo amonesta y en vez de centrarse en apuntar los datos en su cartulina, como suele ser habitual, lo sigue mientras se aleja y espera al clásico gesto con el brazo de “¡venga ya!” para mostrarle una nueva tarjeta y expulsarlo. Ahí hay un caso palmario de acoso y discriminación. Ni el francés fue el único en hacer ese gesto en el partido, ni el mismo árbitro lo ha castigado igual en otros, ni actitudes muchísimo más chulescas y matonas (las protestas de Sergio Ramos y Luis Suárez lo suelen ser) han terminado con el jugador en vestuarios. ¿Por qué a Fekir?

Sánchez Martínez no ha sido nominado para la próxima jornada, ni como árbitro principal ni como encargado del VAR. Se le supone a menos veinte grados en la “nevera”. Y nos queda la duda de qué ha molestado más al Comité de Árbitros. No vaya que ser que después de tragarse la tarjeta roja en la mano de Lenglet, la no expulsión de Sergio Roberto, de ahorrarse al menos la visión del VAR en las dos acciones de Lenglet en el segundo y tercer tantos azulgrana, se le castigue por la falta no pitada a Messi en la previa al primer gol bético o por el penalti postrero no señalado a este por el agarrón de Bartra.

Tiene razón de sobra Catalán en reiterar su queja por los arbitrajes, aunque dudo de que la reiteración sirva de algo y de que no termine convirtiéndose en algo aún más perjudicial para el Betis. El estamento es corporativista hasta la náusea. Próxima parada, Leganés.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla