Setién y Eder Sarabia, en el Betis-Leganés (Juan José Úbeda)
Setién y Eder Sarabia, en el Betis-Leganés (Juan José Úbeda)

Ante la falta de inspiración natural, más industrial

De Setién se espera una enumeración de remedios al problema actual y no que apele a los condicionales para que se produzca un cambio de racha
Por  10:30 h.

«Esto cambiará si nada más salir, marcas». La frase es de Quique Setién en el tercer tiempo de la sala de prensa del Villamarín tras el partido contra el Valladolid, donde el técnico cántabro tampoco salió victorioso. A lo más, empató en su duelo habitual entre realidades y deseos. En fútbol, remitirse al condicional no es buena cosa. Ocuparse de lo que no se controla es una pérdida de tiempo y de energías. Mejor enfocar lo que está bajo el dominio de uno y responderse, por ejemplo, por qué el Real Betis (véase el trabajo de ayer de Fran Montes de Oca en estas páginas) es el único equipo de las grandes ligas europeas que aún no ha marcado en las primeras partes. Cuarenta y cinco minutos baldíos que comprimen en otros tres cuartos de hora las posibilidades de victoria, con la ansiedad que ello comporta. Afirmaba días atrás el cántabro que «su plan B es mejorar el A» y el domingo reiteraba que la solución no está en cambiar de sistema.

Comparto su reflexión. Sólo hasta el momento en que se espera de él una enumeración de remedios al problema actual y te encuentras con una única aspiración, el cambio de racha -«ya nos sucedió lo mismo la pasada temporada…»- algo que es probable que suceda, pero que nadie sabe cuándo ocurrirá, ni lo que durará, ni si será suficiente para compensar los puntos perdidos. Ocurre también que en su afán por proteger anímicamente a sus futbolistas, se les manda, al menos en la esfera pública, desconocemos si también en vestuarios, un mensaje equivocado. Reiterar una y otra vez que las cosas se están haciendo bien, cuando hay un déficit goleador tan notable, es justificar el sistemático pase horizontal o hacia atrás y la no asunción de riesgos de los mediapuntas; el pluriempleo de los centrales como proveedores de balones al delantero centro, la escasez de efectivos en el área para los centros desde el lateral o los remates de medio pelo como si fueran potente fuego real. Si faltan ideas arriba, y es obvio que escasean, habrá que crear automatismos para paliarlas, dotar a los jugadores de inspiración industrial ya que no brota la natural. Mejor eso, que esperar con las piernas cruzadas el brote de la genialidad.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla