Setién participa en un rondo de un entrenamiento junto a varios jugadores (Foto: Rocío Ruz)
Setién participa en un rondo de un entrenamiento junto a varios jugadores (Foto: Rocío Ruz)

El Betis juega cada tres días; Setién, a diario

Da la impresión de que el cambio de filosofía le plantea a los jugadores una exigencia nueva: identificar qué ritmo implementar en función del oponente
Por  9:42 h.

Juega hoy el Real Betis un importante partido de Liga Europea contra el Olympiacos en el Benito Villamarín, a la muy poca hora futbolística de las siete de la tarde. Salta a la vista que los horarios laborales en España, a diferencia de en Europa, impiden no sólo la conciliación familiar sino también la balompédica. Y el domingo, también al calor del hogar, los verdiblancos reciben a la Real Sociedad, el mejor equipo de la Liga en los desplazamientos. Dos duros partidos en apenas 63 horas. Una suerte en comparación con Quique Setién, obligado a jugar a diario, bien con su equipo en el césped; bien contra él mismo en las ruedas de prensa de pre y post-partido; bien en las redes sociales, donde se convierte en balón de las encendidas pugnas dialécticas entre detractores y defensores.

Unas palabra suyas erróneas, contaminadas por un titular periodístico equivocado, sirvieron, junto a la derrota en Villarreal, no sólo para que le zurraran la badana sino para que se cuestionaran incluso las recién iniciadas conversaciones para su renovación. Tan mal sentó el nuevo traspié y el errado autoelogio del cántabro, que incluso el personal hubiese refrendado en arameo la vuelta del equipo al tikigili, a la posesión inútil, al sobeo denunciable por abuso; aunque es cierto que los verdiblancos casi doblaron en tenencia del balón a su rival, no hubo el tuya-mía adormidera de antes sino más jugadas de ataque y más elaboradas de los verdiblancos y mayor apego al contragolpe rápido en los locales. Luego, como ya se ha comentado sobradamente, se falló en las dos áreas y en el silbato arbitral.

Da la impresión de que el cambio de filosofía (menos posesión, más verticalidad) le plantea a los jugadores una exigencia nueva: identificar qué ritmo conviene implementar en función del oponente. No es lo mismo correrle al Barcelona, aprovechando su laxitud defensiva, que hacerlo a un equipo más bragado en el sacrificio físico como el Villarreal. Como no es lo mismo tener tiempo para parapetarse y esperar la llegada del rival, que improvisar para apagar las llamas generadas por el juego directo del contrario. No se olviden hoy los extintores.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla