Loren recibe un pisotón en el tobillo por parte de Míchel Herrero
Loren recibe un pisotón en el tobillo por parte de Míchel Herrero

De la polémica de las manos, a la de los tobillos

En el Villamarín, Míchel la tomó con el Aquiles de Loren y ni el árbitro, ni el pringado del VAR, ni el colegio de podólogos, castigó la acción
Por  12:04 h.

Primera jornada de Liga y primera polémica arbitral. Si la temporada pasada fueron las manos en el interior del área las que protagonizaron muchos agravios comparativos, en esta lo van a ser los pies. La planta del que entra por detrás, el tobillo de quien recibe el pisotón y la podobromhidrosis arbitral. La podobromhidrosis es el olor a pies de toda la vida y en el caso que nos ocupa daría nombre a lo mal que huele la metedura de pinrel de los señores colegiados al enjuiciar dichas jugadas.

No deja de ser elogiable que la Federación se preocupe por la salud de los futbolistas y trate de protegerlos con medidas rigurosas contra las peligrosas entradas por detrás, origen de serias lesiones. Hay que acabar con las acciones canallas que comprometen la integridad del señor Aquiles, pero dejar a la interpretación arbitral si la acción es involuntaria o dolosa es tropezar en la misma piedra que obliga a los colegiados a dictaminar la punibilidad o la involuntariedad de las manos en el área, en función de si en el momento del golpeo del balón estas se encuentran en una posición natural o exagerada.

Dos expulsados hubo en la primera jornada por tal motivo. Luca Modric, jugador del Real Madrid, y Jorge Molina, delantero del Getafe, los pusieron mirando para vestuarios a raíz de sendos pisotones a Denis Suárez y Thomas. Sin embargo, en el Benito Villamarín, el vallisoletano Míchel la tomó con el tobillo de Loren, que se escapaba hacia su puerta, y allí ni el árbitro, ni los jueces de línea, ni el pringado del VAR, ni el colegio de podólogos, castigó la acción. El Betis, recuérdese, jugaba en inferioridad por la expulsión de Joel y quién sabe si la expulsión del centrocampista albivioleta hubiese cambiado la suerte del partido.

Un penalti por unas manos supuestamente en posición antinatural, de ser convertido, es un lance del juego que no cercena la posibilidad de reacción del equipo perjudicado por la decisión arbitral. Una expulsión, por contra, si genera un daño notable, la inferioridad numérica, que minimiza las posibilidades de los equipos de alcanzar sus objetivos. O se hila muy fino o los escándalos nos acompañarán toda la temporada.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla