Quique Setién, en el Leganés-Betis (EFE)
Quique Setién, en el Leganés-Betis (EFE)

En Butarque no fue el día de nadie y menos, de Setién

Acaso lo que deba plantearse con vistas al futuro es si en vez de tipos con doble personalidad no conviene tener algunos con una personalidad bien puesta
Por  9:17 h.
El Leganés pasó por encima del Betis. Venían los verdiblancos de eliminar al Español de la Copa del Rey tras una prórroga, de aceptar (y ganar) un duelo de gladiadores con el Atlético en la Liga y de desgastarse física y anímicamente en la ida copera de semifinales contra el Valencia. Dudo que Quique Setién no se barruntara lo que iba a suceder. Y sucedió, claro. Los suyos (ocho cambios respecto a los que se enfrentaron a los de Marcelino) iban a velocidad de tuya-mía, mientras los de Pellegrino aparecieron en todoterreno y con tracción a las dos piernas y a lo otro. Nada que no hubiese ocurrido ya antes en la Liga, donde los béticos siempre funcionaron mejor ante rivales bien clasificados que frente a los parias de Tebas.
No hubiese tenido más recorrido la cosa que las críticas en los medios al infame partido jugado y el enfado de la afición cuestionando los niveles de testosterona de los protagonistas de Butarque, si Quique se hubiese limitado a hacer un ejercicio autocrítica. Pero le dio por cuestionar el fútbol de los que le habían dado un revolcón, con el agravante además de situar a los locales en las catacumbas de la clasificación, cuando con ese “fútbol que a veces le sale y a veces no”, los tiene al lado, sintiendo ya su aliento en el cogote.
Un desprecio a otras formas de juego, tan legítimas como la preconizada por él, que ha merecido la crítica del mundo del fútbol. No ha faltado ni la de Clemente, en el paro desde que el Congo goleara a su Libia. Haga usted una revolución para terminar entrenado por el vasco.
Decía Setién tras el partido que le gustaría tener jugadores con doble personalidad para afrontar cualquier reto propuesto por el rival. En su caso, tan técnico con el balón en los pies como sacrificados y con fondo para correr tras él para recuperarlo. Un cambio de chip, como él lo denomina, difícil de realizar cuando en la planificación de la plantilla no se tuvo en cuenta, al menos en número suficiente, dicho perfil. Acaso lo que deba plantearse con vistas al futuro es si en vez de tipos con doble personalidad no conviene tener algunos con una personalidad bien puesta. Para Leganés y tal, por ejemplo.
Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla