Joaquín saluda a los aficionados del Betis tras marcar los tres goles al Athletic de Bilbao (Foto: Raúl Doblado/ABC)
Joaquín saluda a los aficionados del Betis tras marcar los tres goles al Athletic de Bilbao (Foto: Raúl Doblado/ABC)

El de Joaquín no fue el único “hat-trick”

El portuense es ya leyenda grande del club, mientras sigue forjando su perfil de mito, de protagonista de hechos maravillosos
Por  9:04 h.

Cuando Joaquín Sánchez debutó en Segunda con el Real Betis, en septiembre del año 2000, Edgar González, su compañero de equipo el domingo ante el Athletic, tenía tres años y aún le quedaban algunos más para coleccionar los cromos de quien a día de hoy, junto a su padre, que fue jugador de élite, es su ídolo. Si el tiempo pasó para el niño, no lo hizo para el portuense, a quien a sus 38 otoños y primaveras eso de colgar las botas no se le pasa ni por la imaginación desbordante que tiene. No hay alcayata en el mercado capaz de soportar el peso futbolístico y personalidad fuera del césped de quien lejos de estar en la recta final de su carrera parece aún en los tacos de salida.

Mateo González, el capitán del equipo de Deportes de ABC de Sevilla, en su comentario de ayer sobre Joaquín, radiografió con extraordinaria precisión al profesional y a la persona, por lo que huelga incidir en lo que el gaditano significa en la historia del Betis y el peso que tiene en la plantilla actual. Él es ya leyenda grande del club, mientras sigue forjando su perfil de mito, en la acepción de personaje fabuloso o extraordinario, protagonista de hechos maravillosos, que nos sirven los diccionarios.

Pero Joaquín no fue el único que consiguió un “hat-trick” el domingo. Rubi, su entrenador, que al igual que hizo Setién está alargando la vida laboral del portuense dándole su sitio y su aire, también consiguió el suyo. Hacía un año que los béticos no celebraban tres victorias consecutivas. Ha pasado lo suyo el catalán hasta conseguir que los resultados acompañen el duro trabajo de entresemana. El fútbol le debía un respiro, para al menos poder demostrar de lo que es capaz.

Y como no hay dos sin tres, el tercer “hat-trick” de la semana fue para Haro y Catalán, que echándole criterio a su gestión mantuvieron a Rubi cuando todo el mundo pedía que lo destituyeran, renovaron a Guardado cuando la mayoría pensábamos que era una locura y no sólo rehabilitaron el manquepierda con orgullo, sino que lo dejaron serigrafiado por escrito en la grada. Si les llueven los palos, al menos que sean por errores propios, no ajenos. Digan que sí.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla