Bartra celebra su gol a Gales con la selección española (REUTERS)
Bartra celebra su gol a Gales con la selección española (REUTERS)

La roja más verde veintitrés años después

España se enfrentará a Inglaterra el próximo lunes en el Benito Villamarín
Por  17:20 h.

ANDAN los científicos empeñados en que vivamos más y mejor. Si queremos, como apostilla siempre el cardiólogo de corazón verde Víctor López. Se escrutan los genes mutantes, las células de buenas madres, los telómeros de malos padres y mil cosas más en busca de aumentar la longevidad. El otro día se publicó que en un siglo el hombre, la mujer y el/la trans aspirará a vivir 300 años y los delanteros centros a jugar hasta 70. Miedo da pensar en alguno con 40 temporadas extras de contrato. En esa búsqueda, ya tardan en sacarle sangre a Luis Enrique y poner la probeta a centrifugar. El asturiano es el único componente de la actual selección que intervino en el último partido internacional jugado por España en el Benito Villamarín. 23 años han pasado y el tipo ahí está, hecho un pincel, listo para ser alineado si no fuera porque es el seleccionador y no se casa ni con él mismo.

Excepcional la cita del lunes al final de la Palmera. Por el momento dulce de la selección, que golea con una facilidad asombrosa; por el rival, una Inglaterra a la que el mestizaje de la Premier ha ayudado a recuperar el crédito internacional; por el recinto, un renovadísimo estadio verdiblanco capaz de acoger más jugadores números 12 que nunca; por la probable presencia en el césped de sangre bética, que Bartra ya cuenta para el boss, Ceballos apunta a titular en el campo y en los medios informativos y Pau puede debutar ante su gente si, a diferencia de Luis Aragonés con Palop, al técnico encuentra la forma de sortear el malajismo.

La experiencia puede resultar beneficiosa incluso para el bueno de Quique Setién. El cántabro, que defiende a sus laterales (Francis) mientras su colega los degolla (Jordi Alba), tiene el reto de conseguir que la posesión del balón no sólo se traduzca en cifras estadísticas espectaculares, sino también en números positivos en el marcador.

Para Luis Enrique ya es un problema resuelto. Se ha pasado de los 1.523 pases sin un solo remate a puerta frente a Rusia en el Mundial, a los 12 goles en tres partidos mareando igual a contrarios superiores. Es la diferencia entre tener un hierro oxidado en el banquillo a sentar en él a un ironman.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla