Junior, en un lance del Betis-Levante (Foto: Raúl Doblado/ABC)
Junior, en un lance del Betis-Levante (Foto: Raúl Doblado/ABC)

Con el Levante volaron los puntos, no la ilusión

"El Betis no es ajeno a esa intolerancia futbolística que provoca ronchas en los aficionados"
Por  11:27 h.

DERROTISMO o euforia. El término medio, ese en el que la filosofía aristotélica germinaba la virtud, parece no existir para el aficionado al fútbol. En el plazo de una semana se pasa de la certeza de vivir una temporada esperanzadora a darla poco menos que por amortizada; un día basta para quitarle al entrenador el crédito que se le había otorgado con un cheque en blanco; 90 minutos son suficientes para que los jugadores recibidos con una ovación en su salida al campo salgan de él silbados y avergonzados. Da igual cuando se lea esto y el escudo que los profesionales defiendan en el césped y en la banda.

El Betis no es ajeno a esa intolerancia futbolística que provoca ronchas en los aficionados. Una pretemporada extraordinaria cayó en el olvido nada más apuntar los relojes la medianoche del viernes, como si la carroza que debería transportar al equipo a lo largo de 38 partidos ligueros, un puñado de europeos y a saber cuántos coperos, se hubiera convertido en una calabaza de las de Halloween. Recordaba uno aquellas palabras de Quique Setién la temporada pasada, cuando el calendario arrojó al Betis contra el Barcelona, Villarreal y Real Madrid en las cinco primeras jornadas. Decía el cántabro que mejor afrontar pronto esos partidos, para aprovechar que tan fuertes rivales no estuvieran rodados. Eso mismo pensó Paco López, el entrenador del Levante, que al Betis, por su potencial, mejor afrontarlo nada más subirse el telón. No más adelante cuando los de Setién exploten, que las explotarán, sus inmensas cualidades. Le sorprendió.

No quiere decir eso que se deban obviar los defectos mostrados por el equipo, ni ampararse en la mala suerte, ni enarbolar estadísticas de dudosa extrapolación, para justificar lo que fue un desastre. El equipo careció de un plan defensivo para contener el contragolpe valenciano, arriba se jugó sin desborde, con excesiva lentitud y con el recurso de los disparos lejanos -sí, 25, pero como si fueran cinco para el peligro que llevaron- ante la falta de ideas. Nada que sea irresoluble, nada que le haga un arañón a las expectativas del grupo, nada que le obligue a replantearse el espíritu que alienta su fútbol.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla