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Los cimientos del Betis soportan las pruebas de carga

El futuro será más prometedor en cuanto a la base actual se añada ese plus en ataque que rentabilice de tres en tres la solidez defensiva
Por  10:32 h.

Ser consciente de dónde se viene y tener claro adónde se quiere ir son premisas fundamentales en la vida. Y pocas cosas hay con más vida que el fútbol para un jartible balompédico, no digamos si este es el apellido paterno del Real Betis. Pensar en dónde se estaba, ayuda a valorar el presente y fijar una meta, a preparar el camino para alcanzarla. Ángel Haro, Lorenzo Serra Ferrer y Quique Setién tienen un plan, también un sueño a lo Luther King, pero sobre todo un plan, y para que sea factible llevarlo a cabo se necesitan cimientos sólidos. No fragua el hormigón de un día para otro, de una temporada a la siguiente, por más que ya en la primera se mostrara muy resistente y en la segunda, la actual, casi recién iniciada, empiece a soportar con largueza las exigentes pruebas de carga, no ya según la normativa nacional sino también de la europea.

La pasada campaña, Serra y Quique levantaron unos pilares que llevaron al Betis a Europa y en este los han reforzado para que la obra perdure en el tiempo. Para que no ocurra como en las dos últimas décadas, en que la gráfica verdiblanca era lo más parecida al electrocardiograma de un infartado, a la montaña rusa de resultados clasificatorios (2001-2010: 6º, 8º, 9º, 4º, 14º, 16º, 13º, 18º. 2011-2018: 13º, 7º, 20º, 10º, 15º, 6º) en la que subían poco y se despeñaban mucho los corazones de los béticos. Cada cual es libre de quejarse de lo que quiera, pero el octavo puesto que ahora mismo se ocupa en la tabla, con 30 partidos aún para mejorarlo, sólo se ha superado al final de temporada en cuatro ocasiones en los catorce últimos ejercicios disputados en Primera.

Buen presente y un futuro mucho más prometedor en cuanto (¿el mercado de enero?) a la base más que brillante del plantel y de un estilo definido se añada ese plus de verticalidad y de remates que rentabilicen de tres en tres la solidez defensiva del equipo, el segundo menos goleado de LaLiga. Y ojo, admítase que eso no ocurre sólo por el destacado papel de los porteros ni por la notable eficiencia de los centrales, que también, sino porque el denostado por algunos/muchos sistema de Quique hurta el balón al rival. Y sin balón el paraíso siempre queda más lejos.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla