Quique Setién, entrenador del Betis, durante un entrenamiento (foto: Raúl Doblado)
Quique Setién, entrenador del Betis, durante un entrenamiento (foto: Raúl Doblado)

No está hecho el VAR para el protagonismo del auxiliar

Setién y Mendilibar no se quejaron de las premisas para su uso, sino del retorcimiento de las mismas, que imposibilitan el fin perseguido: la justicia
Por  12:59 h.

Javier Tebas, ese señor que en su día, no sé si de motu propio o convenientemente alentado, apostó por el Real Madrid y por el Barcelona como locomotoras de un fútbol español, que con él va camino de ser furgón de cola del Eurotren (ya nos adelantó por la izquierda la Premier y por la derecha el Calcio), ha reconvenido a Quique Setién y a José Luis Mendilibar por sus críticas al uso del VAR en la primera jornada liguera. A ambos los acusó de desconocimiento de las premisas para su utilización. Pero el santanderino y el vasco no se quejaban de ellas, sino del retorcimiento de las mismas, que imposibilitaron en los partidos de sus equipos la consecución del fin para el que ha sido implantado: que el árbitro principal sea el que decida tras visionar las imágenes si lo que no vio, o no vio bien, o le pareció inocuo, refuerza su criterio o lo impulsa a cambiarlo.

El técnico verdiblanco manifestaba ayer que de haber revisado la jugada Iglesias Villanueva y reiterar que no había falta de Luna a Canales en el área, él hubiera aceptado sin más la decisión; el granota planteaba su temor de que el árbitro auxiliar terminara teniendo más prerrogativas en los partidos que el principal. Dos razonamientos en alto de buenos profesionales, que merecían al menos el respeto de quien está al frente del fútbol profesional.

El VAR es un gran invento que merece el apoyo de todos. Aún con sus fallos puntuales, garantiza que en la mayoría de las ocasiones acierten los trencillas. Y es lógico que, recién implantado en España, tenga un periodo de rodaje en el que inevitablemente se producirán errores. Pero desde ayer, en que dio comienzo la segunda jornada liguera, convendría que el colegiado en el césped tenga la última palabra en una jugada conflictiva, sin la influencia capital de su ayudante.

Comunicarle que ha habido contacto en un área, por ejemplo, y recomendarle verlo en el monitor por si lo considera «suficiente» o no, como suele argumentar el sibilino Mateu Lahoz, para señalar la infracción, no es reconvenirlo ni exponerlo a la crítica sino ayudarlo para que no quede en ridículo. Y, de paso, a hacer justicia.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla