Lucas Biglia y Bartra durante el Milan-Betis (AFP)
Lucas Biglia y Bartra durante el Milan-Betis (AFP)

A rematar la faena de Milán en casa, Betis

En San Siro, los de Setién le dieron al partido lo que le faltó ante el Celta: arriesgar hasta adelantarse, secuestrar el balón luego
Por  9:50 h.

No es infrecuente reprochar a los jugadores de un equipo con aspiraciones el que le cojan asco a un partido. Rival modesto, campo patatero, público vociferante y casi promiscuamente cercano, colegas estajanovistas en el acoso y derribo y árbitros solidarios con el menesteroso, piden gente con carácter para afrontar y superar los obstáculos. Porque es en esos encuentros que se disputan con arcadas donde uno se gana el derecho a recibir meses después en el campo propio, con las gradas a reventar y la emoción reventando las gargantas de tu gente, a equipos como el que hoy visita el Benito Villamarín, un grande de Europa: el Milan.

Atraviesan los milaneses tiempos amargos, por más que el potencial de su plantilla vuelve a ser, tras unas temporadas de travesía por el desierto, interesante. El Betis, en un partido soberbio y a contraestilo, ya supo doblegarlo hace quince días en San Siro, donde cuajó posiblemente su mejor actuación en lo que se lleva de temporada.

Sin renunciar a la posesión, pero soltando el hilo de la cometa en la ejecución del contragolpe; defendiendo en las cercanías de su área, pero incomodando al rival en todo el campo; valiente siempre, nunca suicida. Dándole al partido, vaya, lo que le faltó ante el Celta, la lectura precisa en cada momento: arriesgar hasta tener el marcador muy a favor, defender secuestrando el balón a partir de ahí.

No es el de hoy un partido crucial para la suerte europea de los de Setién, porque aún quedarán dos partidos en los que poder restañar heridas, pero sí de suma importancia. Ganar es, previsiblemente, quedarse a un punto de la clasificación, lo que teniendo aún en el horizonte al Dudelange invitaría ya a tomarse medidas para el traje de treintaidosavos de final. Ratificar su solvencia en Europa debería ser el primer paso para recuperar el pulso en la Liga, donde espera un calendario complicado.

Está por ver, esta noche y en los próximos partidos, que Quique Setién admita definitivamente matizaciones al dogmatismo que desde principio de temporada lo ató a la posesión pura. En Milán salió bien; ante el Celta, a medias. Lo suyo es hacerlo plan A y, cómo él preconiza, irlo mejorando.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla