Quique Setién, con parte de su cuerpo técnico antes del Betis-Valencia (Foto: Manuel Gómez).
Quique Setién, con parte de su cuerpo técnico antes del Betis-Valencia (Foto: Manuel Gómez).

“Setién, sí; Setién, no”, el único factor desestabilizador

Los partidarios del cántabro transmiten la sensación de que algo grande estaría por llegar; sus detractores muestran un aquí y ahora decepcionantes
Por  9:05 h.

Perdió el Betis en el Villamarín y ganó en siete campos, donde a sus rivales por una plaza en Europa o bien les contaron en la lona o les declararon nulo sus combates. Ni él escaló ni el resto se le escapó o se le acercó mucho más. Una nueva oportunidad perdida de dar un golpe en la mesa, sí, pero también un alivio comprobar que al menos no te quitaron la silla. A Europa, a excepción de Messi y los 10 que manda Valverde acompañarle, no irán los mejores sino los menos malos esta temporada.

Volvió a sonar en el campo bético el “Quique vete ya” y se amplió el repertorio con un “Serra, échalo”. No por favor, en forma de súplica, sino de exigencia. Testimonial, entiendo, porque nadie en su sano juicio puede esperar que se destituya a un entrenador a cinco jornadas para el final sin la vida amenazada. Ni está la cosa para traer alguien de fuera que hipoteque el futuro ni veo al vicepresidente poniéndose el chándal, menos el de Setién por mucho que remangándoselo le pudiera dar el avío. La séptima plaza aún está a tiro y quienes han llegado hasta aquí deben ser los que luchen por auparse a ella.

No es la cuestión de “Setién, sí; Setién, no” un asunto sin repercusiones. De hecho se configura (sólo hay que atender a las redes sociales para comprobarlo) como el único factor desestabilizador ahora mismo en la entidad. Partidarios y detractores del cántabro se han instalado en sus respectivas trincheras y tiran de munición. Si desde una parte se dispara con juego con identidad, reclamo para figuras y proyecto a largo plazo, desde la otra se responde con puntos en la clasificación, debilidad defensiva e inoperancia arriba; si los afines lanzan misiles con la posesión del balón y la eficacia en los pases, los discrepantes contestan con obuses: vulnerabilidad en los disparos desde fuera del área o alto porcentaje de partidos perdidos en el Benito Villamarín. En fin, sensaciones de que algo grande estaría por llegar frente a un aquí y ahora decepcionante.

A final de temporada será cuando haya que hacer balance y repartir responsabilidades en lo bueno y menos bueno. Mientras, el Betis debe ser una piña. No colada.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla