Joaquín y Tomás Calero
Joaquín y Tomás Calero

Más béticos como Tomás Calero

"El adiós del doctor debe llegar en forma de reconocimiento. Un bético como él no se merece una despedida agridulce"
Por  19:39 h.

No escribí de Tomás Calero el día en el que se anunció que abandonará el club a final de la temporada. Fue queriendo. Quería a esperar a ese momento, al final, para explicar todo lo que ha supuesto este doctor en el Betis. Pero, desgraciadamente, el todavía jefe de los servicios médicos del cuadro verdiblanco se ha visto envuelto en una polémica totalmente injusta, por lo que considero conveniente comentar algunas cosas que, a buen seguro, no sabrán muchos de los que intentaron faltarle el respeto el domingo. Y que nadie espere una defensa médica de Calero. Lógicamente, no tengo ni idea de medicina. Es más, intento acudir a ella lo menos posible, lo saben los que me conocen. Además, ya hay suficientes contertulios en la televisión para hablar de todo tipo de temas, a pesar de que no estén especializados en casi ninguno de ellos, de modo que de este aspecto, sobre si es buen médico o no, sólo diré que él también era el doctor del Betis cuando el equipo ganó la Copa del Rey y jugó la Champions League, no sólo ahora que, año tras año, el club deambula y tiene más fracasos que alegrías.

Pero más allá del Tomás Calero doctor, al cual sí digo que le tengo un máximo respeto porque presencié en directo cómo le salvó la vida a Miguel García en un partido en Salamanca, yo me quiero centrar en la persona. En el bético. Y digo, con conocimiento de causa, que ojalá hubiera más béticos como él. Calero lleva toda una vida (más de 25 años) dedicada al Betis. Sí, cobrando, pero también haciendo mucho más que centrarse en las tareas sanitarias. Son ya más de diez años los que llevo escribiendo sobre el Betis y, en todos ellos, Tomás Calero nunca ha tenido una mala palabra, nunca un mal gesto. Me ha contado mucho menos de lo que me hubiera gustado, poniendo siempre por delante al club, pero su trato siempre ha sido cordial y educado. Y no sólo con los periodistas, sino con todo aquel que se acercara al Betis. He visto a infinidad de jugadores, directivos y doctores de equipos rivales acercarse a saludar a Calero, referente del club al ser de los que más tiempo llevaba. Le he visto ayudar a todo el mundo. Desde a sus futbolistas, como es lógico, a los rivales. Y le he visto hacer Betis allá por donde ha ido. Son varios los viajes en los que he coincido con Tomás Calero. Varias las concentraciones en pueblos perdidos de España y Europa, y allí siempre ha estado el doctor desprendiendo beticismo. Y, ahora, en una época en la que las cosas han cambiado (afortunadamente) bastante, se puede ver su papel como secundario, pero Calero también ha sido el que ha ido encabezando expediciones del Betis cuando el club ha pasado por la mediocre y poco profesional etapa de Manuel Ruiz de Lopera. Al menos, él intentaba que el Betis pareciera más normal. Por eso me parece muy injusto que tuviera que pasar por lo que pasó el domingo, que tuviera que escuchar cánticos en contra de su afición, más allá de que cada uno pueda tener su opinión sobre él. Respeto a los que puedan pensar que su tiempo debió acabar antes pero, precisamente eso, respeto, es lo que merece Tomás Calero. Él y el club pactaron su salida a final de la temporada. Ambos decidieron que era momento para dejar paso a otros. El adiós del doctor debe llegar en forma de reconocimiento. Un bético como él no se merece una despedida agridulce.

Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes de ABC de Sevilla
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