Apuestas arriesgadas

Actualizado:

Gerardo

Torres

SUELE pasar que las apuestas arriesgadas deriven en pérdidas. Y aunque sería una temeridad y hasta una canallada asegurar que el Sevilla no ganó ayer por la ausencia de Luis Fabiano en el once inicial —aunque vaya usted a saber...—, no se puede negar que la decisión de Antonio Álvarez de dejar al brasileño en la suplencia resultó sorprendente y no dio el resultado apetecido, tanto por el marchenero como por la hinchada sevillista, por supuesto.

Es verdad que si Negredo hubiera tenido la chispa de suerte que le faltó para hacer gol, y estuvo a punto, hoy no se hablaría de esto; y también es cierto que Luis Fabiano jugó algo más de un cuarto de hora al final, lo cual es más un hecho objetivo que un argumento, todo sea dicho, porque una cosa es que el ariete suramericano sea un consumado goleador y otra que le tenga que bastar tan poco tiempo para marcar, ya que entonces sería Pelé y su equipo casi sería cabeza de serie en la Champions. Pero una vez considerado todo esto hay que reconocer que al Sevilla le faltó anoche gol y que en el equipo este bendito concepto se relaciona inmediatamente con el nombre del delantero titular de la selección «canarinha». Que ayer fue carne de banquillo. Es la pura realidad.

Seguramente este empate con el Dépor no tenga mayor trascendencia, pero podría darse el caso de que al final de la Liga se eche de menos un punto. Uno. El fútbol es caprichoso y esto sucede. Y ayer se escaparon dos. Puntos, digo. ¿Culpa de Álvarez? No diga usted eso, por favor, que es muy pronto para encender polémicas aunque el verano ya fue buen caldo de cultivo. Sí que hay que tener en cuenta que cada vez que un entrenador toma una decisión está haciendo una apuesta, y hay alguien que suma y resta, y apunta signos positivos y negativos. Y hacerlo bien o mal, acertar o fallar, depende de ganar, perder o empatar. Usted mismo.