Mundial de baloncesto 2019

Los Hernangómez, la explosión de los nuevos hermanos que impulsan a la selección en China

Exigidos antes de tiempo por las bajas de la selección, Juancho y Willy han demostrado en este Mundial que están listos ya para ser piezas importantes

España vence a Australia y se mete en la final del Mundial de Baloncesto

La espectacular «mandarina» con la que Llull cerró el primer cuarto

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Avanza el Mundial y con él España. Orgullosa semifinalista de un torneo que se ha llevado por delante ya a buena parte de los favoritos. A la debacle de Serbia el martes se unió ayer la de Estados Unidos. Eliminaciones tempranas que ponen en valor lo conseguido hasta ahora por la selección, clasificada para los Juegos del próximo verano y a un paso de alcanzar se segunda medalla en un Campeonato del Mundo. Lo conseguirá si vence mañana a Australia, en un duelo que se antoja durísimo y que exigirá el máximo de cada uno de los jugadores.

Sabe Scariolo que Ricky Rubio o Marc Gasol, sus líderes, no van a fallar. Tampoco Rudy Fernández, Llull o Víctor Claver, curtidos en mil batallas a lo largo de los años. Las incertidumbre antes de viajar a China la tenía el italiano con los menos expertos, pero sobre todo con los que él creía que tenían más potencial. Con Juancho y con Willy. Los hermanos Hernangómez, que durante el torneo han ido despejando esas dudas y ganándose la confianza del técnico hasta hacerse imprescindibles.

«Juanchíviris» es el más joven del vestuario, pero no por eso su importancia en la pista es menor. Desde el primer partido del torneo Scariolo le entregó un lugar en el cinco inicial. Sinónimo de la confianza que tenía en él. Aun así, le costó arrancar, como al resto del equipo, y no fue hasta el partido de Italia cuando demostró, al fin, todo su potencial. Fue su presentación oficial a escala mundial. «Su primer gran partido de nivel internacional», bautizó Scariolo, que aquel día tuvo que llevarle al banquillo durante 30 segundos para «darle un toque de atención» antes de que reaccionara. Aquella charla del italiano apretó el resorte adecuado, porque ese día Juancho fue el mejor —16 puntos y 4 rebotes— y a partir de entonces no ha bajado su nivel. Es el tercer anotador del equipo con casi 11 puntos por partido y el máximo reboteador (5,7).

A punto de cumplir 24 años, el pequeño de los Hernangómez lleva tres temporadas ya en la NBA. Inició ese camino junto a su hermano en 2016, aunque la senda ha resultado más escarpada de lo que esperaba. Para sobrellevar la dureza de la liga americana, Juancho ha vivido este año con un amigo en Denver, donde además ha hecho buenas migas con Jordi Fernández, uno de los asistentes de los Nuggets. Al contrario que los chicos de su edad, vive alejado de las redes sociales porque prefiere las relaciones cercanas y personales.

Uno de sus recuerdos favoritos de este verano es el viaje que hizo con sus amigos de toda la vida a una casa rural en los Picos de Europa. Tres días para cargar las pilas y llegar con fuerzas a este Mundial, donde ha roto por fin sus límites y no quiere frenar.

Los Hernangómez están acompañados en China por sus padres, sus mejores seguidores junto a su hermana Andrea, también jugadora de baloncesto. La familia es otro de los núcleos importantes para Willy y Juancho. Gracias a sus padres creció su amor por la canasta. Imposible escapar a este deporte cuando ambos eran también jugadores de baloncesto. Para mostrar su agradecimiento, Juancho lleva en la camiseta del torneo el apellido paterno —«Hernangómez»— y Willy, el de su madre —«Geuer»—, de origen alemán.

En estos días de concentración en China, como cuando están en Estados Unidos, echan de menos la paella y el gazpacho de su madre. Reconoce Willy que lo ha intentado hacer muchas veces, pero que nunca le sale igual. Son pequeños caprichos de verano, porque desde hace unos meses los dos hermanos cambiaron radicalmente su alimentación. De hecho, ahora controlan tanto su dieta que una empresa se ha encargado de prepararles la comida este verano y llevársela tras cada entrenamiento. Productos hervidos y sin sal, en su mayoría. Willy, que vive solo en Charlotte, ha contratado incluso una cocinera para controlar mejor lo que come. Para no dejar nada al azar.

El ejemplo de los Gasol

Un giro inspirado en los hermanos Gasol, sus mentores en la NBA. Ejemplo y espejo donde mirarse. «Son muy importantes para nosotros. Juancho está haciendo un gran trabajo en el Mundial, sobre todo en la línea de tres, y Willy está ayudando muchísimo. Les necesitamos», reconocía ayer Marc Gasol, cuyo teléfono está abierto 24 horas para ellos durante la temporada. Al igual que el de Pau, que regularmente les envía mensajes para ayudarles.

Con Willy lo ha hecho incluso durante el torneo, donde el pívot de los Hornets ha tenido varios altibajos antes de brillar frente a Polonia con 18 puntos —doce de ellos consecutivos en el último cuarto—. Se quitó ese día toda la presión acumulada en el torneo. El mayor de los Hernangómez tocó fondo ante Puerto Rico, con solo seis minutos en cancha. Un toque de atención de Scariolo, que el martes reconocía su crecimiento.

Cada verano, Willy vuelve a España para entrenar con su gente de siempre. «Lo conozco desde los 14 años y, en esencia, ha cambiado poco. Es un chico cariñoso y divertido y muy profesional dentro de la pista. No entrena para aparentar. Ha mejorado mucho. Este año hemos hecho hincapié en el tiro y en la defensa», explica José Luis Pichel, técnico que conoció en la cantera del Real Madrid y que desde entonces actúa de profesor particular en vacaciones junto a un equipo de profesionales. «La transformación física de Willy es evidente, pero creemos que hay margen de mejora. Nunca tiene una excusa a la hora de entrenar», señala.

Esa explosividad entrenada durante el verano ha podido verse en algunas fases del Mundial, donde el pívot promedia 7,5 puntos en 13 minutos de juego. Un suplente de garantías para Marc, al que está llamado a suplir en el futuro. Relevo que se está gestando en China, donde los Hernangómez han alcanzado, por fin, la mayoría de edad.