Mikel Landa
Mikel Landa - EFE

Tour de FranciaMikel Landa, dispuesto a una «hazaña» en los Alpes

El alavés, renacido tras la caída de Albi, luchará por una etapa y «también, por qué no, por el podio»

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Tras tantas ediciones del Tour selladas por el Sky, esta Grande Boucle disfruta de la incertidumbre. ¿Resistirá Alaphilippe? No parece. ¿Remontará Pinot? Ahora es el más fuerte. ¿Cómo estarán Thomas y Bernal en los Alpes? Lo que ya tiene claro el Tour es que el Movistar y Mikel Landa animarán lo que resta de esta edición. El término ‘landismo’ se adueñó ayer de la sala de prensa de la ronda gala. «Mikel, el ‘landismo’ te pedirá que hagas una hazaña en los Alpes», le preguntaron. Y él, de nuevo sonriente tras bajar del podio como corredor más combativo de la jornada, respondió: «Pues habrá que hacer una hazaña». Nunca se corta. Siempre tendrá críticos. Y por siempre tendrá seguidores. A los dorsales así no se los olvida. Habló ante los micrófonos del Tour como corre, de cara: «Estoy bien. Queda aún mucho y pueden pasar tantas cosas. Iré a por alguna etapa y también, por qué no, a por el podio».

Landa suele venir de un tropiezo. Se cayó en la etapa de Albi. Le tiró Barguil. Su moral, aplastada por la frustración de esos dos minutos regalados, se resquebrajó. Fuego interior. Pidió dos días de cabreo. Y, afortunadamente, los Pirineos le han aliviado. La montaña es su amiga. «Fue una pena la etapa del sábado. Quería ganar en el Tourmalet. Me faltó poco. Así que tenía que intentarlo hoy -por ayer-. El equipo ha salido con esa idea», contó. A por la cima de Prat d’Albis. O con Quintana o con él. El colombiano se apuntó a la fuga junto a dos compañeros, Amador y Soler. Era el plan. «Nos ha costado mucho meter a los tres en la escapada». Nada es fácil en el Tour.

Landa salió a por esa fuga a 40 kilómetros del final. Amador y Soler le remolcaron. «El equipo está muy comprometido conmigo», agradeció. Salvo Quintana. Landa cazó al resto de los escapados, pero no a Simon Yates. «Ha empezado el puerto con ventaja suficiente como para ir regulando. Y es un corredor de mucha calidad», lamentó. «No he podido hacer más. Creo que hemos hecho un trabajazo en toda la etapa», compartió con su equipo.

Aunque empieza a pasar página, aún le duelen los más de dos minutos que cedió en la etapa de los abanicos de Albi. Pura mala suerte. Ya había sorteado los cortes cuando Bargil se le echó encima y le desequilibró. «Ojalá no tenga que echar de menos ese tiempo perdido». Piensa en el podio. Lo tiene lejos. Es séptimo en la general, a 4.54 de Alaphilippe. Thomas, el segundo, y Kruijswijk, el tercero, le sacan algo má de tres minutos. También Pinot y Bernal están también a esa distancia. Para subir al cajón de París, como le reclama el ‘landismo’, necesita una gesta. Lo intentará. «Aquí van a pasar muchas cosas. Un día cae uno y al día siguiente, otro». Sabe que no le permitirán moverse, que en la última semana todos tienden a conservar lo que tienen. «Pues habrá que dejarles atrás». Al Tour le sienta bien el ‘landismo’.