Sergio Ramos remata de cabeza a la cruceta
Sergio Ramos remata de cabeza a la cruceta - efe
Selección Española | Eurocopa 2016

Victoria de España sin excesivo brillo

El gol de Morata ante Ucrania afianza a la selección en el grupo de clasificación, pero su juego no enseña gran mejoría (1-0)

Hughes
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España190Ucrania

Estos partidos de España recuerdan a cuando de repente uno encuentra en el calendario un círculo rojo que avisa de que hay cita con el urólogo. Así de primeras da una pereza muy grande. Además, Del Bosque sigue con su discurso de la transición tranquila y el resultado es un equipo «viejoven». E ilusionarse con Morata es difícil. Hay que ser muy joven para ello, sobre todo cuando el once empieza por Casillas. [ Así hemos contado el España-Ucrania]

Del Bosque a veces da la sensación de que no descarta del todo la convocatoria de Amancio.

Pero al menos no era un partido más, era Ucrania, un país que suena a fútbol, y había que ganar. Y además era Sevilla. Lo mejor que tiene la selección es que juega allí. Por muy aburrida que sea la expectativa siempre será Sevilla. Aunque Sevilla, ayer, estuviera en las calles y no tanto en el estadio, que no se llenó.

Desde el principio, el juego español gravitó alrededor de la Iniesta e Isco. Sobre todo del primero. La alineación de ambos, su coincidencia, era un auténtico engarce generacional. Iniesta empezaba más atrasado y al principio coincidía mucho con Isco, luego se fue centrando. En el minuto cinco el campo ya cantaba Isco, Isco, con la pasión arrebatada con la que se corea a una folclórica. No hace falta ni que cante, gusta ya andando. Isco es más de caminar estirando la manga de la camiseta, gustándose. Junto a Iniesta se ve que le falta movilidad, moverse aún más de lo que lo hace entre toque y toque. Un toque menos, un movimiento más.

Del Iniesta actual, menos intrépido en el slalom, puede decirse que tiene por mayor virtud una cosa extraña: el ser rodeado de rivales. Pero como Isco y Silva son parecidos, las jugadas de España eran un rodearse de cada vez más gente. Parecía que había más de veintidós en el campo. Solo Juanfran y Morata añadían la vertical con su velocidad. En el 8’, Iniesta dio un gran pase a Morata, que se desmarcó con fuerza buscando un billete de veinte euros, pues siempre corre cabizbajo.

El balón era de España, el control era de España, pero los ucranianos, al contrario que algunos toros, iban aprendiendo. Las jugadas españolas empezaban con Silva e Isco de espaldas, bajaban a recibir y ahí comenzaba la acción. Ucrania fue corrigiendo esas posiciones y a mitad de primera parte empezó a alargar sus llegadas. Mínimas, meros atisbos dirigidos por Yamolenko, el mejor desde la banda derecha. Esos equipos menores cuya batuta lleva el bueno arrinconado. Ese efecto-Hagi del fútbol del este.

Cuando Ucrania se quiso estirar se encontró con Piqué y Ramos, sobrados ayer. En el 26’ asustó con una ocasión, pero a la jugada siguiente llegó el gol nacional. Iniesta pasó a Koke, que alargó el pase en profundidad para Morata. La tracción del joven juventino fue estupenda.

Morata está igual de atribulado que siempre. A quien le compara con Benzema desde luego le quiero yo de amigo, juez y árbitro de mi existencia, pero algo tiene. Más dureza y personalidad que añade al ánimo que demostró en Madrid. Quizás ayer lo mejor, lo nuevo, lo único para apuntar en la libretita secreta de la renovación que esconde Del Bosque en su despacho rococó fueran los desmarques y el dominio del ataque de Morata.

Porque con el 1-0, encarrilado el partido, quedaba la pregunta de Bugs Bunny: ¿Que hay de nuevo, viejo? El ritmo de juego, sobón, se mezclaba con las palmas sevillanas, pero el protagonista era Iniesta, sus regates, pases y su dirección desde posiciones de centro del campo. Bajaba Isco y el público ovacionaba antes del descanso a su otra pasión: Iniesta, Iniesta, Iniesta.

La ruleta de Isco encendió la segunda parte. Aplausos a Íker por una mano. Era el de ayer un público no resabiado. Maravillosa credulidad del español entusiasta.

Pero pasaban los minutos y España no resolvía. Es un fútbol mellizo el de Silva, Iniesta e Isco y unos a otros se iban dejando sin espacios. Paró Casillas en el 20’ una llegada ucraniana. El partido estaba temblando como un paso de navidad, como el renqueante caminar de D. Vicente. Entraron Pedro y Cazorla y desilusionó por enésima vez Silva. Con él de hombre más adelantado, España miraría hacia su ombligo. Cazorla pudo sentenciar y como en todo 1-0 se acabó mirando al árbitro. Esta España es tiquitaca reumático. La vejez de Iniesta