Paraguay celebra el pase a semifinales
Paraguay celebra el pase a semifinales - reuters
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Paraguay se impone en penaltis a una mediocre Brasil sin Neymar

Los paraguayos supieron sobreponerse al 1-0 de Robinho. Derlis González aprovechó el fallo de Thiago Silva. Desesperante la selección de Dunga, sin brillo individual ni sentido en su juego

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No habrá «superclásico americano». Igual que con Argentina, los penaltis fueron una forma bastante justa y rápida de resolver un partido sin solución. [Así vivimos el Brasil - Paraguay, en directo]

Una de las historias más bonitas de esta Copa América ha sido el reencuentro de Robinho con Dunga y la selección. Ayer abrió el marcador, que quizá no sea bien la palabra, reventó la caja de seguridad del 0-0, con un gol anti-robinho. Un gol de influencia sin regates, un toque, el movimiento y la llegada. Qué jugador tan distinto es. Es lo normal, perder el gambeteo con los años. Lo más raro del mundo sería ver a un anciano driblando, algo perturbador.

Además de Robinho, tuvo que ayudar Alves en una de sus pocas llegadas. Poco más es Brasil, la «Dungaçao», con esos dos mediocentros, Fernandinho y Elias, que son como dos GPS imantados al coche del rival y unos jóvenes que son brasileños de Bundesliga.

El 1-0 y Jefferson, el portero, de rodillas, señalaba a Dios histéricamente con los dos dedos, como si hubiesen apostado a medias. Se echa de menos un poco de paganismo; Kaká era satánico al lado de los nuevos.

Paraguay sostuvo el pulso táctico a Brasil. Parecían dos camioneros doblando la muñeca del otro apenas unos milímetros. No es el espectáculo más divertido. Sólo tenía los movimientos de Santa Cruz y a Benítez por la izquierda, pero en la segunda parte fue logrando saques de esquina y avances plúmbeos.

Dunga, que se había declarado «afrodescendiente» de tanto como disfruta con los palos de la prensa, se parece al personaje de Josh Brolin en «Inherent Vice». Representa una autoridad maníaca en la banda.

En el 69', en un balón mal colgado para Santa Cruz lo mejoró Thiago Silva con una mano tonta. Le pasa a veces. El penalti, absurdo, lo «convirtió» Derlis González.

Brasil esperó entonces los penaltis como si los tuviera apalabrados con Dios. Ni atacó ni defendió, estuvo.

El penalti que lanzó Ribeiro fue el de alguien haciendo de brasileño. Doloroso fue ver la torsión de ese tobillo.

Romario es senador en Brasil. Debería hacer algo. Una moción, un proyecto de ley, una cola de vaca. Un golpe de Estado.