Técnicos y jugadores de la EF Concepción, conjunto madrileño de Preferente
Técnicos y jugadores de la EF Concepción, conjunto madrileño de Preferente - ABC
Fútbol regional

EF Concepción, ejemplo del sacrificio del fútbol de barrio

El conjunto madrileño, que pelea por ascender a Tercera con una plantilla en la que la amistad es el mejor estímulo, se tiene que entrenar prácticamente a oscuras

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La Asamblea Extraordinaria de la Federación Española decidirá el próximo 29 de abril si da luz verde al nuevo formato de la Copa del Rey, en la que Luis Rubiales, su presidente, quiere aumentar la presencia de clubes de Segunda B y Tercera división, además de incorporar al torneo a conjuntos de Preferente. Una categoría donde el fútbol sigue siendo simplemente fútbol y en la que prima el esfuerzo anónimo de directivos, técnicos y jugadores por poder salir cada año a competir. Campos modestos en los que no aparecen directores deportivos ofreciendo grandes contratos y en los que habitualmente sí se puede encontrar un bar donde en invierno no falta el caldito caliente y en el que los bocadillos de panceta o tortilla hacen más llevadero el descanso de los aficionados en los partidos. Equipos humildes que representan a pequeñas poblaciones y, en el caso de las grandes ciudades, a barrios que se sienten orgullosos de sus futbolistas. Uno de ellos es la Escuela de Fútbol Concepción, un conjunto de Madrid que pelea por ascender a Tercera con una plantilla que no cobra y que este curso se ha visto obligado a entrenarse prácticamente a oscuras en el polideportivo municipal en el que tiene su casa desde hace décadas. Aquí, como en muchos otros equipos, la amistad y el compañerismo resultan cada domingo el mejor incentivo.

Álvaro, el técnico
Álvaro, el técnico - ABC

Aunque todavía no se conoce oficialmente cuántos equipos de Preferente jugarían la Copa del Rey en caso de salir adelante el proyecto de Rubiales, la EF Concepción pelea por acabar primera en su grupo, lo que le daría alguna posibilidad de poder jugar una competición con la que nunca soñó. «Deportivamente el reto es muy difícil porque ahora mismo somos cuartos, pero, en caso de lograrlo, tendríamos problemas logísticos insalvables. El Polideportivo Municipal en el que jugamos no está preparado para acoger un partido de Copa», reconoce Álvaro Gómez-Rey, el joven entrenador del equipo de este popular barrio madrileño. Fue jugador y ahora ejerce de técnico. Él mejor que nadie conoce el sacrificio que supone pertenecer y sacar adelante a una entidad que vive de su cantera.

«Entrenamos los lunes, miércoles y viernes con unos medios muy escasos. De la hora y media que trabajamos cada día, los primeros 30 minutos lo hacemos detrás de una portería, en un espacio muy, muy pequeño, porque no podemos meternos en el campo al estar ocupado. La hora restante, en un terreno prácticamente sin luz porque muchos de los focos están fundidos y no los reponen». «Como para jugar aquí un partido de Copa», exclama riéndose. La historia, sin embargo, no es ninguna broma porque la Escuela paga más de 40.000 euros anuales al Ayuntamiento en concepto de alquiler de la instalación. Al ser municipal, no hay ninguna posibilidad de recaudación por taquilla.

Limitaciones

La imagen descrita por Álvaro ilustra las limitaciones que existen en el fútbol de Preferente, la antesala de la Tercera división. «Yo recibo una pequeña ayuda por entrenar, pero los jugadores no cobran nada. Pero este equipo es una familia y eso puede con todo», alaba el técnico, que comenzó a dirigir a «La Conce» en la campaña 2016-17, con 22 años, cuando el equipo militaba en Primera regional. Entonces fue reclutado por Daniel Saugar, director deportivo en aquella época y ahora su segundo en el banquillo. A pesar de sus estrecheces presupuestarias, la EF Concepción, que proporciona a su equipo aficionado toda la vestimenta y la ropa de entrenamiento, tiene a su cargo en las categorías inferiores a más de 400 chavales del barrio, que pagan una couta anual por jugar en el equipo.

«En 2013, la mayoría de los chicos que tengo ahora formaban parte de la plantilla que jugaba en Segunda regional. Cinco años después están luchando por subir a Tercera división, un dato que demuestra la capacidad de mejora que puede tener un jugador de fútbol», destaca en la conversación con ABC un preparador que sueña con dar el salto al profesionalismo. «Me encantaría, hay que seguir trabajando para ello, pero ahora me centro en la familia que es este equipo», que representa a un barrio levantado a mediados del siglo pasado por el constructor José Banús.

El fútbol en esta categoría está a años luz del profesionalismo, aunque jugadores y técnicos siguen la misma línea de trabajo, pero con medios muchos más escasos. «Como no tenemos un lugar donde hacerlo, por las mañanas me voy a una biblioteca para revisar nuestros partidos, analizar al próximo rival y preparar los entrenamientos», explica Álvaro antes de alabar el esfuerzo, el sacrificio y, en algunas ocasiones, las locuras que llegan a hacer los futbolistas modestos por seguir en el equipo de toda su vida. Adrián Poisón, el singular capitán de la EF Concepción, ejemplifica la descripción del técnico. Por un problema en la cadera, el delantero no puede jugar todo el encuentro y siempre sale desde el banquillo. Los minutos es lo de menos, lo importante es poder ayudar a compañeros con las que ha ido creciendo desde las categorías inferiores.

«Se aprende a convivir con el dolor»

Adrián tiene ya 30 años y lleva los diez últimos en el equipo senior de «La Conce». Aunque ha tenido ofertas para marcharse, ha querido seguir en el equipo de su vida. Otros hubieran arrojado la toalla, pero en este fútbol la lógica a veces no existe. «El dolor en la cadera me vino en mayo de 2017 y en diciembre de ese año se hizo ya insoportable. En marzo de 2018 comenzaron a ponerme inyecciones para aguantar y poder jugar», recuerda. Un año después sigue metiendo goles para su equipo aunque las inyecciones y los analgésicos son ya pasado porque ahora son la fisioterapia y la rehabilitación en la piscina los remedios que le permiten seguir compitiendo. «Te acostumbrar a jugar con dolor y acabas por no notarlo durante los partidos, lo malo viene después. Sabes que si quieres jugar tienes que convivir con el olor y yo lo he hecho, aunque algunos días no puedo ni dormir». Una confesión que deja helado porque al capitán, como a sus compañeros, jugar le cuesta el dinero. Pero «La Conce» es fútbol de barrio y por el barrio y los amigos todos los sacrificios son pocos. Es la ley de un fútbol modesto, para el que tener presencia en la Copa el Rey resultaría el mayor de los premios.

Si finalmente no se consigue el sueño de ascender a Tercera división, un refresco o una cerveza en el Blanco o el Luzón, los bares donde se reúnen tras los partidos, seguirá siendo el mejor motivo para seguir aumentando la amistad entre los componentes de un equipo que es el espejo del fútbol de barrio.