Messi jugará para levantar su primera copa con Argentina
Messi jugará para levantar su primera copa con Argentina - REUTERS
Copa América 2016

La cuarta acometida de Leo Messi con la albiceleste

El delantero del Barcelona, que ha perdido las tres finales disputadas con Argentina, dispondrá de una nueva ocasión para levantar un trofeo con su selección

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Leo Messi carga a sus espaldas el peso de toda una nación. Su aura de primera espada atemporal, por encima incluso del hombre que dio una reputación de primer nivel a Argentina en materia futbolística, junto a su consecuente presión mediática, hacen ver al genio rosarino como el encargado póstumo de guiar a los suyos hacia la conquista de un título en un campeonato de selecciones.

Es cierto que con su club lo ha ganado todo. También lo es que en el combinado albiceleste no dispone de una plantel de primera élite mundial: Argentina no vio nacer a Iniesta, Luis Suárez o Neymar. La final de la Copa América 2016 será una nueva reválida para que «el 10» borre de golpe todos los fantasmas que enturbian su leyenda.

Se presenta esta ocasión como la cuarta en que la selección argentina dispute el partido decisivo de un gran torneo con Messi en sus filas, después de las derrotas sufridas ante Brasil en la Copa América 2007, Alemania en la del Mundial de 2014 y Chile en la Copa América 2015. Con brasileños y uruguayos fuera de concurso, el torneo, según declararon varios de los jugadores de la albiceleste, "debía ser suyo".

El primer fiasco vino contra la gran rival sudamericana: Brasil. Fue en Venezuela, disputando la final de la Copa América 2007. Los argentinos venían de vencer los tres partidos de la fase de grupos y de golear por 4 a 0 a Perú en cuartos y 3 a 0 a México en semis. Con la confianza por las nubes, Julio Baptista adelantó a los cariocas cuando tan solo se habían disputado cuatro minutos de encuentro. Argentina no supo dar la vuelta al marcador, y terminó cayendo por un contundente 3 a 0. Un imberbe Messi, que arrancó como titular a pesar de haber cumplido la veintena poco antes de la disputa de la final, no tuvo ocasión de plantar cara al oficio de los brasileros. El incipiente crack mundial fue elegido mejor jugador joven del torneo.

Brasil, esta vez como escenario, presenció la segunda gran decepción nacional. La final de la Copa del Mundo de 2014, disputada frente a la Alemania de Joachim Löw, fue un partido trabado, de escaso lugar para el lucimiento, en el que Messi pasó de puntillas, estoicamente defendido por un lúcido Hummels y empequeñecido por el empuje teutón, que se aferró a un estilo de juego legitimado con el paso de los años. Los argentinos, por contra, solo podían esperar a que el genio saliese de la lámpara y solucionase el envite con una heróica genialidad. El milagroso gol frente a Bosnia en fase de grupos puede confirmar que la esperanza no obedecía a requerimientos utópicos. Götze terminaría dando el cuarto mundial a Alemania en la prórroga.

Hace tan solo un año llegaba la tercera oportunidad. En la final de la Copa América 2015 aguardaba la revelación del torneo, la Chile de Arturo Vidal, Aléxis Sánchez y el «Mago» Valdivia. El partido fue de un ritmo altísimo a razón de la exigente presión alta de los chilenos. Fruto de la misma, las imprecisiones fueron la nota dominante del choque. Y Leo Messi no fue una excepción. Su aportación, discreta durante todo el torneo (tan solo un gol, de penalti, en el primer partido de la fase de grupos frente a Paraguay), no fue la que los fieles de la albiceleste esperaban de su líder. Chile vencía en la tanda de penaltis después de que Higuaín y Banega fallasen sus respectivos penaltis. Messi fue el único argentino que anotó su lanzamiento.

Nueva York acogerá este domingo la que será la cuarta oportunidad para romper la racha de 23 años sin un título que asola a la selección argentina. Messi, de momento, suma 5 goles en el campeonato tras anotar en la semifinal un escandaloso tanto de falta directa a Estados Unidos que le permitió situarse como máximo goleador histórico de la selección por encima de Batistuta.

Y lo hizo el día en que se cumplían 30 años de aquella Mano de Dios, ejecutada por el otro gran genio de la nación albiceleste, Diego Armando Maradona, durante la conquista del Mundial de 1986. Quizás sea esta, la cuarta, la acometida definitiva a la conquista de un gran título de selecciones que libere al crack argentino del lastre con el que carga cuando viste la elástica del combinado nacional. Messi soñará hasta el domingo con levantar la mano, al igual que lo hiciera Maradona en el 86, pero con una intención diferente: levantar la copa.