Cristiano Ronaldo, antes del partido de ida contra el Wolfsburgo
Cristiano Ronaldo, antes del partido de ida contra el Wolfsburgo - AFP
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Vuelve la Champions

Europa marca el camino

El Madrid abre una semana decisiva alimentando la esperanza de la remontada contra el Wolfsburgo. El miércoles, Atlético-Barça en el Calderón

ENRIQUE YUNTA
MadridActualizado:

Agitada la Liga cuando nadie apostaba por un epílogo tan apretado, vuelve la Champions en una semana que se antoja decisiva. Es cierto que no hay títulos ni trofeos de por medio, pero sí la posibilidad de seguir optando a ellos, volcánica la vuelta de los cuartos de la Liga de Campeones y con los nervios a flor de piel en las casas de los tres grandes. Después del tropiezo liguero del Barcelona en Anoeta, estadio maldito para los azulgrana porque no ganan ahí desde 2007, Real Madrid y Atlético han hinchado sus globos y creen en lo que antes era imposible. Sigue estando el título lejísimos y necesitan que el conjunto de Luis Enrique tropiece en dos de los seis encuentros que les queda, pero al menos hay algo a lo que aferrarse en este tramo final después de que al líder se le hayan escapado ocho puntos en tres jornadas. De paso, crece el optimismo ahora que suena el himno de la Champions y lo que suceda mañana y el miércoles puede alterar también el destino del torneo doméstico. Una cuestión de estado de ánimo, que en el fútbol también juega.

Real Madrid: soñando con la doble remontada

El Real Madrid sigue viajando en la montaña rusa, que solo es divertida cuando hay algo que celebrar. Lleva toda la temporada dando bandazos, pero es encomiable la capacidad que tiene el club para vender optimismo y convencer a su gente de que todo es posible vistiendo de blanco.

El mismo equipo que el miércoles pasado sufría un revolcón indescriptible en Alemania vende ahora una noche mágica apelando al falso mito del embrujo del Santiago Bernabéu, necesitado como nunca de una fiesta para recordar. Pocos recintos imponen más que Chamartín, pero hace ya demasiado que no hay épica ni champán y la última remontada se produjo hace 14 años contra el Bayern de Múnich. Por nombres y plantilla, el equipo de Zinedine Zidane es mucho más que el Wolfsburgo, pero el 2-0 de la ida lo complica todo. Un gol de los alemanes obliga a darse un atracón y cabe pensar en un asedio desde el primer minuto para alcanzar las semifinales y seguir el camino que lleva hasta la Undécima.

Para ello, el Madrid debe gestionar la agitación colectiva y el tiempo, que pasa volando cuando se persigue una hazaña. Ya el sábado, en la entrañable merienda que propuso el Éibar, la grada exigió testosterona y el equipo se contuvo en el segundo tiempo, con descanso para todos menos para Cristiano Ronaldo. El portugués es el barómetro y su curso, pese a los tremendos números que presenta, es parecido al del equipo en lo inconsistente. Ahora más que nunca se le reclama y parece haber entendido el mensaje, generoso y renacido en abril.

Además, y sin que haya un razonamiento lógico, el deterioro del Barça anima al Madrid de manera automática. Se ha acercado en la Liga a cuatro puntos cuando hace nada llegó a estar a doce y el sábado por la noche creció el optimismo para la remontada de mañana con la derrota catalana en San Sebastián. El mal ajeno siempre es bienvenido en clave deportiva y mucho más con estos dos gigantes, que se nutren de sus propias alegrías y de las desgracias del enemigo más íntimo.

Con todo, en el vestuario ya se habla de dos títulos cuando hace cinco días todo era negro y se espera que un buen resultado en Europa tenga consecuencias positivas para el próximo sábado en Getafe, en donde apurará sus opciones esperando otro fallo del líder. El Madrid es el campeón de la fe.

Barcelona: un gigante herido

Mientras, en Barcelona se dispara la prudencia porque hay síntomas extraños que invitan a pensar en la caída del gigante. El todopoderoso equipo de Luis Enrique, que presumía de récord con 39 tardes sin perder, lleva un empate y dos chascos consecutivos en Liga y ya no hay vídeos en las redes sociales ni fotos de sonrisas con la familia. Se le han escapado ocho de los nueve últimos puntos y se ha dejado de hablar del triplete con la ligereza de antes pese a estar en una posición de privilegio.

De todos modos, la visita del miércoles al Vicente Calderón es decisiva porque caer en Champions sería demoledor y de unas consecuencias inesperadas. Hay pocos clubes con la facilidad para la autodestrucción como el Barcelona y se pasa de la euforia al pesimismo en un periquete, preocupada la gente del Camp Nou porque Leo Messi lleva cuatro citas desaparecido y porque sus socios de ataque no andan tampoco con la finura de hace unas semanas. Sólo Luis Suárez mantiene algo de tensión con sus aciertos.

Es la peor racha de Luis Enrique desde que está al frente de la nave, aunque el asturiano mantiene la misma postura que cuando lo ganaba casi todo. Sigue marcando distancia con la prensa y admite abiertamente que se ha acabado el margen de error, aparentemente saturados sus jugadores y con menos ideas en la creación. Persigue repetir éxito en la Champions, algo que no se ha logrado nunca con el actual formato, y necesita espabilar para que la Liga no se le escape. Tiene tres compromisos en casa y solo juega con rivales que están lejos de la zona noble. El domingo, para empezar el último puerto, recibe al Valencia.

Atlético: un equipo infatigable

No hay un equipo más pesado que este Atlético de Madrid, que lleva años dando la tabarra a los grandes y que se siente a gusto con ese mensaje que tanto repite Diego Pablo Simeone. Sostiene el técnico que molestan y sus jugadores, incluso el presidente, se alinean con el jefe, que es mucho más que eso. Los rojiblancos, es cierto, nunca dejan de creer y hasta ha colado lo del «partido a partido». Y ninguno es más importante que el del miércoles.

Al Atlético le hace falta una alegría europea y no ve tan descabellado darle la vuelta al 2-1 de la ida. Juega en casa y hay precedentes que le encienden, pero también es cierto que Simeone nunca ha ganado a Luis Enrique. Siempre hay una primera vez, piensa el gurú del Manzanares, y la afición se moviliza para tener una fecha memorable.

Aunque ya se ha enfriado con el subidón liguero y la remontada en Cornellá ante el Español, aún escuece la herida del Camp Nou y el enredo arbitral. Precisamente la peor noticia para el Atlético es que Fernando Torres, que parece renacido y hasta los más forofos le colocan en la lista de Vicente del Bosque para la Eurocopa, no estará el miércoles por su incontrolable pasión de la pasada semana.

Salvo «el Niño», y con la duda abierta de si le suple Correa o Vietto, jugarán los de siempre con Koke al mando, un once de garantía que promete sudor hasta el último aliento. Porque eso es el Atlético de Simeone, al que se le abre de par en par el sueño de la Liga y de seguir galopando en la Champions.