Final Copa del ReyCentenario bañado con champán

El Valencia termina con un título un año convulso que se enderezó al final

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No hace ni medio año, el Valencia asistía a una crisis deportiva e institucional como en sus peores épocas. El equipo sumaba solo cuatro victorias en toda la primera vuelta liguera, estaban eliminados de la Champions y Marcelino García Toral se encontraba en la cuerda floja. Tal vez entonces, si se hubiera hecho una encuesta rápida, solo el técnico asturiano, y quizás Mateo Alemany, su principal valedor, hubieran apostado por un final tan apoteósico como el vivido en el Villamarín. El Valencia conquistó el título y lo hizo con contundencia, sin remilgos ante un Barça que acaba el curso con mil y una dudas. Son ya ocho Copas del Rey con acento ché, y esta última con todo el resplandor que supone haberla conseguido en el año del centenario del club. Un cuento de hadas.

La final comenzó para el Valencia como fue la temporada: a remolque. El Barcelona se veía superior. El disparo manso a puerta vacía de Rodrigo, incapaz de aprovechar el grosero error de Lenglet al inicio del partido, era el peor de los presagios para un equipo que este año ha recibido demasiados golpes. Con todo, el Valencia supo estar a la altura de lo que demandaba el partido, y con infinita constancia encontró su lugar sobre el césped. «La mayoría de entrenadores no sabemos cómo parar a Messi», se lamentaba Marcelino en la previa. Y, sin embargo, el argentino pasó sin pena ni gloria por esa primera mitad en la que el Valencia definió el partido.

Parejo, un líder

Tener a Messi controlado era la primera parte del plan. La segunda era activa a Parejo. El centrocampista ha sido fundamental durante toda la temporada y en la final también resultó decisivo. Tras el gol de Gameiro templó y se erigió como el líder necesario. Una recuperación suya, en principio insustancial, generó el segundo gol, porque sirvió para iniciar el contragolpe que acabó con la asistencia de Carlos Soler que cabeceó a la red Rodrigo. Un golazo que valía la Copa. El capitán acabó rompiéndose a falta de media hora y abandonó el campo desolado. Al final siguió llorando, pero ya era de alegría al recordar su trayectoria en Valencia y subir al palco a recibir la Copa de manos de Felipe VI. Al igual que para muchos de sus compañeros, se trata de su primer título, y eso nunca se olvida.

La intensidad que demostró el Valencia en el primer acto la mantuvo a la vuelta del vestuario, pero dedicada básicamente a defender. El balance ofensivo en la reanudación se limitó a varios tiros del portugués Guedes desde fuera del área. El gol de Messi obligó a remar cerca del área propia hasta el último resuello, pero con el pitido final estalló el valencianismo. El magnate Peter Lim, presente en Sevilla, sonreía satisfecho.