El Vissel Kobe, equipo de Andrés Iniesta, festeja un triunfo con su afición
El Vissel Kobe, equipo de Andrés Iniesta, festeja un triunfo con su afición - J1
Fútbol

El imperio del gol naciente

Tras convertirse en una potencia en Asia, la liga japonesa pelea por ser una de las cuatro mejores de todo el mundo

MadridActualizado:

Han pasado más de treinta años de la publicación del primer cómic de la saga «Campeones: Oliver y Benji». Era el principio de la década de los ochenta y el fútbol era un deporte marginal en Japón. Aunque había llegado a las islas en el siglo XIX, no despertaba mucho entusiasmo entre la población. Sin embargo, el éxito de aquellos personajes animados supuso un punto de inflexión y el fútbol ha experimentado desde entonces un crecimiento sin parangón. Hoy, la J1 League o Primera japonesa, nacida en los noventa, es una de las ligas más competitivas de Asia y la intención es que en una década sea una de las grandes competiciones de todo el mundo. Así lo afirmó recientemente Takeyuki Oya, responsable del departamento internacional de la J1: «Tenemos una visión a largo plazo y para 2030 estamos tratando de estar entre las mejores cuatro ligas del mundo».

El entrenador español Miguel Ángel Lotina es un buen conocedor del fútbol japonés, donde dirige desde 2017: «Están trabajando bien. Hubo un cambio importante hace tres años cuando los equipos empezaron a cobrar por la retransmisión de los partidos. Han visto crecer sus ingresos de manera exponencial. Han mejorado las plantillas y pueden fichar a mejores extranjeros. Está creciendo mucho», cuenta a ABC. A esta reciente inyección económica hay que sumarle una política que prioriza la formación del futbolista joven. Japón no quiere ser el retiro dorado de las grandes estrellas de Occidente y por eso hay un límite de extranjeros por equipo, con el objetivo de potenciar el talento nacional.

El impulso europeo

De un tiempo a esta parte, Japón acoge a cada vez más futbolista de renombre. El fichaje de estos jugadores, muchos europeos o procedentes de estas ligas, ha provocado dos cosas: la mejora del nivel de la competición y el aumento del interés de las televisiones y de los espectadores, lo que se traduce en unos mayores ingresos. «Tradicionalmente siempre ha habido muchos brasileños. Han empezado a venir españoles hace poco y la llegada de Iniesta, Torres o Villa ha levantado mucha expectación. Se venden todas las entradas y las televisiones están más interesadas. Tanto es así que se han modificado las reglas y han pasado de estar permitidos tres extranjeros y un asiático que no sea japonés a cinco extranjeros», reflexiona Lotina. Actualmente hay una decena de españoles jugando entre las dos principales categorías del país.

«Tenemos una visión a largo plazo y para 2030 queremos estar entre las mejores cuatro ligas del mundo»
Takeyuki Oya , Responsable internacional J1

Pese a este evolución, el fútbol vive en territorio hostil: menos del 50% de la población dice estar interesada en él. «Japón es un país muy deportista y hay mucha afición por el deporte. El más seguido es el béisbol, que mete a 30.000- 40.000 personas en los estadios. La media en el fútbol es más baja, de 15.000 a 20.000 en Primera, que es mucho más que antes». Un reflejo de esta inferioridad es el caso del Tokyo Verdy, primer club al que entrenó Lotina cuando llegó a Japón: «Era como el Real Madrid o el Barcelona, pero sus patrocinadores se fueron al béisbol y el equipo descendió. Cuando nosotros llegamos hicimos dos buenas temporadas, pero no logramos ascender». El descenso se produjo hace más de una década y aún hoy sigue en la J2.

De Asia al mundo

Fernando Torres
Fernando Torres - J1

Las dos primeras categorías en Japón son profesionales y están compuestas por 18 y 22 equipos respectivamente. Además, existe otra liga semiprofesional de 12 clubes. Existe un fuerte arraigo con cada localidad y se cumplen escrupulosamente las reglas financieras: se gasta lo que se tiene. «Todo está evolucionando muy rápido. Los japoneses son muy estudiosos, los entrenadores van a Europa a aprender y la Federación, además, les ayuda mucho. Existe una liga universitaria muy fuerte, con dos categorías en las que sus jugadores están exentos de pagarse los estudios, que aquí son muy caros. Todos los años salen buenos futbolistas que acaban en Primera o Segunda, donde no tardan en ser titulares», cuenta Lotina. Además, los clubes están obligados a contar con su propia academia, premiándose a aquellos que mejores resultados obtengan. Todo forma parte de una estrategia que busca sedimentar un futuro brillante.

Según IFFHS, la J1 fue la cuadragésimo séptima liga más fuerte del mundo en 2018, la cuarta de Asia, superada por la de Corea del Sur, Qatar y China. Pese a que en el último año ha sufrido un descenso en esta clasificación, que había liderado años atrás en Asia, hay argumentos suficientes para creer en la mejora futura. Los dos últimos ganadores de la Liga de Campeones de la AFC son japoneses. Este año, tres equipos del país siguen vivos en la competición, siendo Japón junto a China y Arabia Saudí quienes más representantes tiene. Lotina no tiene dudas: «Es la más fuerte y cada vez lo es más».

«La J1 es la mejor liga de Asia, la más fuerte. Lleva varios años ganando la Champions asiática»
Miguel Ángel Lotina , Entrenador del Cerezo Osaka

El fútbol, por tanto, se ha abierto paso en un país tradicionalmente ajeno a él. Lo que empezó siendo un pasatiempo para las empresas, que creaban equipos con sus empleados y organizaban torneos amateurs, se ha terminado convirtiendo en un deporte capaz de rivalizar con otros profundamente arraigados en su cultura, algo complicado si se tiene en cuenta la importancia de la tradición entre sus ciudadanos. Hasta 1993, el fútbol no estaba profesionalizado en Japón; hoy su liga aspira a codearse con las mejores del mundo.

El crecimiento en los últimos años ha hecho que la J1 apunte más allá de Asia, donde ya es una de las competiciones hegemónicas. El siguiente paso, el más difícil, es conquistar Europa. De momento ya cuenta con estrellas del viejo continente y una base estudiada para conseguir acercarse al nivel de la Liga o la Premier. Además, cada vez son más los jugadores japoneses que juegan en Europa, evidencia del creciente nivel de su fútbol. El último ejemplo es Takefusa Kubo, promesa del Tokio FC de apenas 18 años que esta misma semana ha fichado por el Real Madrid. Otros grandes clubes andaban detrás de él.

Por todo esto, igual que Oliver Atom logró hace unos años convertirse en una estrella mundial en el famoso anime, la liga japonesa sueña con seguir los exitosos pasos del «Capitán Tsubasa», responsable, no olvidemos, de las primeras piedras de este ambicioso proyecto.