La Liga

El monedazo que sufrió la primera árbitra asistente de la Liga

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A la temporada que ha supuesto el despegue definitivo de la mujer en el masculinísimo mundo del fútbol le faltaba un último hito. La guinda para completar un curso plagado de acontecimientos positivos. Guadalupe Porras Ayuso (Badajoz, 1987) es desde ayer la primera árbitra asistente en las 89 ediciones de la Primera división de la Liga española. En 2007, Marisa Villa, hoy responsable del arbitraje femenino en la Federación Española de Fútbol, se ganó este mismo ascenso, pero en verano falló en las pruebas físicas y nunca llegó a debutar. No tiene pinta de que a Guadalupe, que hace bien poco que ha celebrado 16 años en el arbitraje, le vaya a ocurrir lo mismo. «Estoy muy contenta, en una nube», explicaba al conocer su ascenso en una nota de la RFEF. «Todos soñamos con estar en Primera y después de mucho trabajo lo he conseguido. Aún no me lo creo».

A esta extremeña orgullosa de sus orígenes el deporte le gustó desde bien pequeña. En especial, el fútbol. Jugaba a un nivel alto en una época en la que ni se intuía lo que podía llegar a alcanzar el balompié femenino. Debutó en Primera y fue asidua en la selección autonómica de su comunidad. Lo del arbitraje llegó gracias a un amigo de su tío, que le animó a probar la experiencia. Esa nueva manera de ver los partidos le enganchó. Y lo empezó a compaginar durante los fines de semana hasta que tuvo que decidir entre una cosa y otra. Eligió el banderín.

Aquello fue al iniciar su primer y único año en Tercera. Tan en serio se lo tomó que al final de esa temporada se ganó subir a Segunda B, donde pasó ocho años. En Segunda, acompañando casi siempre al árbitro castellano-manchego Isidro Díaz de Mera, ha consumido otras dos campañas.

Una vida en el Ejército

Antes de todo eso, tras acabar el bachillerato e inspirada por su padre, se alistó en el Ejército. Pasó allí diez años de su vida y se especializó en transmisiones y en defensa nuclear. Sus mejores recuerdos son las maniobras y prácticas sobre el terreno en las simulaciones de ataques con armas químicas. De su vida castrense sacó muchas enseñanzas que hoy le sirven en el arbitraje. De todas ellas destaca su aprendizaje en la toma de decisiones y la constancia en todo aquello que se propone.

De carácter curioso, se sigue formando pese a que ya lleva algunos años viviendo exclusivamente de su trabajo en los campos de fútbol. Estudia un grado de Educación Primaria por placer. También, quién sabe si pensando en una próxima etapa de su vida, se está sacando el primer curso de entrenadora. Lo que se dice una enamorada del fútbol en todas sus vertientes.

Guadalupe no es ajena al machismo que impera en el mundo en el que se maneja. Ha sufrido, como todas las mujeres árbitras, insultos de todo pelaje. Y el año pasado vivió un dudoso momento de fama a cuenta de un monedazo que se llevó en la cabeza en el Heliodoro Rodríguez López durante un Tenerife-Huesca. El partido estuvo quince minutos detenido, el mismo tiempo que ella pasó aturdida, y estuvo a punto de suspenderse. Gajes del oficio que, en cualquier caso, ella asocia a su profesión, no a su género.

Su idea, si es que se lo permiten, es seguir actuando de juez de línea también en la Liga femenina. Y entre los sueños que se le vienen a la cabeza está el arbitrar un partido de Champions o una Eurocopa. Internacional desde 2014, asegura disfrutar al máximo sus partidos como linier en el extranjero.

Guadalupe responde con un sí rotundo cuando se le pregunta si se puede disfrutar arbitrando un partido. Y a la hora de citar sus referentes se fija en su tierra. Gil Manzano, internacional de Don Benito, es también un amigo. El año que viene compartirán entrenamientos y experiencias.

El ascenso a Primera de Porras Ayuso a Primera viene parejo al de Marta Huerta de Aza a Segunda B. La tinerfeña se convierte en la árbitra principal de mayor categoría en España, otro dato que pone en relieve el crecimiento de las mujeres en este sector.