Serie A

Quagliarella, el ídolo proscrito que supera a Cristiano

Una extorsión provocó su fuga de Nápoles, donde fue vetado hasta que en 2017 afloró la verdad. El veterano punta acaba hoy la Serie A como pichichi

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De entre los retos que al inicio de esta temporada pudieran presentárseles a los aficionados a las apuestas en Italia, pocos más aventurados que el de acertar el nombre de los tres máximos goleadores de la Serie A. Poner dinero por Cristiano Ronaldo (21 tantos) saldría prácticamente a devolver, pero el portugués puede terminar hoy la liga solo como el tercer jugador más realizador. Por delante en la lista aparece un gigantón de piel morena, nacionalidad colombiana y hoja de servicios previos discreta, Duvan Zapata (22). Y en el primer puesto, un tipo de 36 años que ya está de vuelta de todo, Fabio Quagliarella (26), tres veces campeón del Scudetto y protagonista en una de las historias más peliculeras del país, lo cual no es poco si hablamos de Italia. La traición que sufrió el ahora jugador de la Sampdoria por parte de un policía al que consideraba amigo provocó hace años su «vergonzosa» salida de Nápoles, el club en el que soñaba triunfar.

Para situarnos, Quagliarella tenía siete años cuando Maradona ganó su última liga con el Nápoles. El dato viene al caso porque el máximo realizador de la liga italiana nació en Castellammare di Stabia, coqueta localidad de la costa napolitana, y soñaba con marcar un gol tras otro con la camiseta celeste. Fueron once en una temporada, pero la situación no le dio para más. Llegó a Nápoles procedente del Udinese en 2009 y, un año después, tuvo que huir a la Juventus, el rival más odiado por los hinchas de San Paolo.

Canción en su honor

El traspaso no tuvo sentido para los aficionados que en su honor habían compuesto el «Quagliarella bum bum», primera canción que una grada tan visceral como la napolitana le dedicaba a un futbolista desde que Maradona revolucionó la ciudad. Repudiado por su antigua hinchada tras su marcha, el delantero saltó en 2017 del bando de los traidores al de los mártires al conocerse su verdadera historia.

Raffaele Piccolo es el nombre del policía que traicionó a Quagliarella, que en 2009 le pidió ayuda para resolver el caso de extorsión en el que se vio envuelto y que terminó obligándole a dejar Nápoles. La amistad entre ambos había nacido dos años antes, cuando el agente le solucionó lo que parecía un hackeo de su cuenta personal de mensajería en el ordenador. Más grave fue lo que sucedió cuando el futbolista se instaló en Nápoles porque comenzó a recibir mensajes de texto en su móvil, así como cartas en su casa y en la de sus padres en las que se le acusaba de lindezas como participar en orgías pedófilas, estar enganchado a las drogas o tener relación directa con los capos de la Camorra. El jugador recurrió a su amigo policía.

La bola de nieve siguió creciendo hasta el punto de que recibió fotos de niñas desnudas y de un ataúd con su cabeza dentro. Piccolo gestionaba las denuncias desesperadas de la familia Quagliarella mientras el atacante agradecía la generosidad del policía con entradas para los partidos y camisetas firmadas. El goleador nunca llegó a sospechar que era el propio agente el que mandaba las misivas para obtener sus favores. Piccolo siempre le aseguraba que estaba a punto de detener a los culpables, pero las cartas seguían llegando, también a la sede del Nápoles.

Visitas furtivas

Fue Vittorio, el padre de Quagliarella, el que terminó desmantelando el embuste. Pero a su hijo ya se le había roto el sueño: además de ver cómo su rendimiento caía en picado en Nápoles, su salida acabó propiciando una ola de agravios hacia él y su familia. «Traidor» o «bastardo» son términos que no suenan mal al lado de los que habitualmente tenía que escuchar en las visitas a escondidas a casa de sus padres. Por no hablar de las veces en que le tocó vestirse de corto cuando jugó en San Paolo.

La absolución definitiva de su antigua hinchada llegó el 17 de febrero de 2017, cuando Piccolo recibió una condena de cuatro años y ocho meses de cárcel por su extorsión. La verdad inundó entonces la escena y Nápoles fue un clamor de pleitesía a su hijo pródigo. «En el infierno que has vivido... enorme dignidad. Nos volveremos a abrazar, Fabio, hijo de una ciudad», pudo leerse en una pancarta en San Paolo en una de sus visitas.

Quagliarella vuelve a sonreír. Esta temporada se ha quedado a un partido de superar el récord de Batistuta en la liga italiana de encuentros seguidos marcando. Lo igualó haciendo 14 en once duelos. También volvió a vestir la camiseta de la selección por primera vez desde 2010. Con 36 años, la vida empieza a devolverle lo defraudado y hoy puede acabar como máximo goleador de Serie A.