Parejo, con el balón en Mestalla
Parejo, con el balón en Mestalla - AFP

Selección españolaEl fútbol lo tiene Parejo

El centrocampista del Valencia jugó su segundo partido como si llevara toda la vida con la Selección

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España ganó Mundiales y Eurocopas por su gran fútbol de toque, pero también por tener a Villa y Torres, dos goleadores de altura europea.

Sin ellos la cosa cambió, y antes, durante muchos años, España había sido un buen equipo sin gol. Se buscaba al 9 que acompañara a Butragueño. Tuvo a Raúl después, pero no era suficiente. España era la España de Manolo y de Salinas. El 9 era un Resines, un Ladoire, un Landa.

Ese es el principal problema actual y mientras el gol llega, si llega, lo mejor que se aprecia en Luis Enrique es la voluntad de empezar algo serio desde atrás.

Contra la Noruega de Lagerback, que es algo así como el Aragonés nórdico, salió con un 4-3-3 que luego era otra cosa. Al atacar se ponía con tres defensas, Busquets hacía de central por la derecha y las bandas quedaban para Alba (magnífico) y Navas, con Asensio y Rodrigo llevándose a los defensas hacia dentro. Eso le salió muy bien y así llegó el gol de Rodrigo.

Para que funcionara, Busquets tenía que jugar en dos posiciones a la vez, comenzar centrado y luego abrirse, y además alguien le tenía que ayudar en la salida de la pelota. Y ahí se vio la personalidad de Parejo, el encargado de bajar y clarificar. Se vio que su clase tiene un cerebralismo superior y que era un jugador de la talla neuronal de Busquets.

No solo le daba a España una segunda opción para armar el juego, o la escalonaba infinitamente como si el mediocampo fuera una escalera imposible, también llegaba al área, como en esa gran jugada colectiva en la que le dejó un balón de espaldas a Morata con cuánta elegancia, con qué enorme clase de estar por encima de todo.

¿Cómo ha podido España prescindir de este jugador en una posición en la que Koke ha estado jugando años y años?

Digo Koke, y no se enfaden los colchoneros, son jugadores distintos, pongan ahí al que quieran, porque Parejo es lo que más recuerda a Valerón y como tal es insustituible. Es un jugador que ha de subir al Arca de Noé del fútbol patrio que es cada selección. Es un jugador de otro tiempo y de todos los tiempos, con un talento supremo que conserva en sus aciertos y en sus (muchos) fracasos un fútbol antiguo y muy español al que no se puede renunciar. Parejo, con el 21 que llevó Michel, tiene fútbol de museo y es la continuidad sanguínea de Valerón, otra rara avis, otro desaprovechado con venas de horchata.

La España de Luis Enrique se ha de construir quizás no con generaciones únicas, a base de camadas enlatadas llegando desde el laboratorio de la sub21, sino de retales, con un collage provincial de fútbol al estilo de lo que hizo Aragonés.

España ha de encontrar el equipo y suena bien algo que empieza por De Gea, Ramos, Busquets, y esos laterales larguísimos que son extremos escondidos que le dan un doblez de equipo mutante, moderno, que cambia en un mismo partido.

España va a ser frágil atrás porque está escrito que lo sea, y le va a costar un mundo marcar gol. Cada gol va a ser ese gol de Señor o aquel de Alfonso contra Yugoslavia en la Eurocopa, pero asumido todo eso, lo que pase antes o durante es importante, y si pasa con Parejo pasará con una altísima categoría, con verdad y deleite.

Después de los 360 grados de Xavi queda el giro altivo de Parejo, un jugador que hace gritar olé.

Así que España jugó bien y tuvo los problemas en las áreas, que van a ser la cruz de este nuevo centrocampismo. Pudo meter seis goles y metió dos. Morata es una conmovedora figura de Semana Santa y luchándolo todo sacó un penalti, y en la defensa Íñigo Martínez hizo añorar la envergadura de Piqué. Faltan nueves y centrales. Faltan caciques en lo serio. Pero Parejo salió ovacionado de Mestalla en su segundo partido con España y parecía que llevaba una década mandando en su mediocampo.

Luis Enrique ha de meter en su equipo a este eslabón perdido de la clase eterna. Ha de resolverse este sinsentido que dura ya demasiado tiempo.