Jerez: un antes y un después de él

Según se informa, Luis Oliver Albesa no es el nuevo máximo accionista del Betis, sino un mero intermediario en la presunta operación de venta de Lopera, lo cual, sin embargo, no aplaca el nerviosismo que produce el repaso a su trayectoria empresarial

JEREZ DE LA FRONTERA Actualizado: Guardar
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En el Xerez Club Deportivo siempre habrá un antes y un después de Luis Oliver, para lo bueno y para lo malo. El controvertido empresario navarro aterrizó en la capital del vino a finales de la década de los noventa para sacarle las castañas del fuego al entonces alcalde, Pedro Pacheco. El club, municipalizado hasta la médula y que se había convertido en un verdadero saco sin fondo al que iban a parar cientos de millones de pesetas de las maltrechas arcas consistoriales, había regresado a la Segunda división B después de un año en la llamada división de plata. Pacheco temía que el fútbol le pasara una factura política, pero lo que son las cosas y pensó en una solución, pero a la postre Oliver se iba a erigir en el verdugo de un alcalde que llegó a creerse eterno.

Con Oliver, todo hay que decirlo, vivió el Xerez en el aspecto deportivo uno de sus momentos álgidos, dio un salto de calidad en su historia que, con el tiempo, le ha llevado recientemente a jugar en la elite de nuestro fútbol. Aunque haya sido sólo por una temporada.

La suerte del nuevo propietario del club —decían que tenía una flor en el trasero— fue muy comentada durante los tres años que comandó la nave xerecista. Después de un primer intento fallido, a la segunda logró devolver al equipo a la categoría de plata, y consecutivamente casi ascenderlo por primera vez a Primera.

Él fichó a Schuster

En los inicios de aquella histórica temporada se enconó su relación con Pacheco, pero el golpe de efecto del fichaje de Bernd Schuster le permitió tomar la sartén por el mango y poner contra las cuerdas al veterano político andalucista.

Si en lo deportivo el Xerez iba viento en popa, en lo social ardía en llamas, con destierros, amenazas, embargos y múltiples denuncias por doquier.

Transcurridos los años, todavía hay en Jerez quien toca madera cuando se le nombra a Oliver. Le vendió un club con pie y medio en Primera al inefable José María Gil Silgado, al que la historia recordará como «el gafe de Triana», pero éste se quedó con la miel en los labios y acabó haciendo bueno a su predecesor.

Curiosamente, además de con Pacheco, sus más sonados enfrentamientos los protagonizó con los jugadores, que años después le siguen recordando como «un sinvergüenza con arte».

El delantero Julio Pineda, ex jugador del Xerez, Numancia y Córdoba, entre otros, recuerda que un día le abordaron por la calle él y otros compañeros para recordarle que les debía la nómina de varios meses. A Oliver no se le ocurrió otra cosa que invitarles a almorzar en un mesón próximo, pero no sólo no les pagó, sino que al pedir la cuenta les pidió que la pagaran ellos porque se le había olvidado la cartera. Y es que así es Luis Oliver. Genio y figura.