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Pedro García Cuartango

La gloria añorada

Brasil venció ayer con grandes apuros a Costa Rica. Lleva 16 años sin ganar un Mundial y el equipo genera muchas dudas

Pedro García Cuartango
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Nietzsche apuntó en El nacimiento de la tragedia que hay dos fuerzas que inspiran la creación humana: lo apolíneo, que es orden y mesura, y lo dionísiaco, que es exuberancia y sensualidad. Indudablemente Brasil representa en el mundo del fútbol esta segunda categoría. Es la tierra de la samba, los carnavales y la caipiriña.

Brasil es el único país que ha ganado cinco Mundiales y que ha dado al fútbol figuras legendarias como Didí, Garrincha, Pelé, Zico, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y otros. La lista sería interminable.

No ha empezado este torneo con buen pie, ya que empató con Suiza en su debut y ayer derrotó a Costa Rica con muchos apuros en la prórroga. Lleva 16 años sin ganar esta competición. La última vez que lo hizo fue en Japón en 2002, donde superó a Alemania en la final. En aquel equipo jugaba el madridista Roberto Carlos.

Todavía la torcida brasileña tiene grabada en su memoria la goleada de Alemania en Belo Horizonte hace cuatro años cuando perdió por 7 a 1 de forma humillante. Una derrota precedida por la debacle contra Francia en cuartos de final del Mundial de 2006.

Brasil no es lo que era. Y mucho menos en tiempos de Pelé. Pero sin ir tan lejos, todavía los buenos aficionados añoran aquella selección que cayó eliminada en Barcelona en el Mundial de España en 1982. Yo tuve la suerte de ver el partido contra Italia en Sarriá, uno de los mejores de la historia.

Brasil no pudo pasar a las semifinales porque Rossi le metió tres goles a la contra. Pero la canarinha dominó el encuentro con tres centrocampistas que bordaban el fútbol: Zico, Falcao y Sócrates. Eran una verdadera máquina de jugar. Nunca he visto un estratega de tanta calidad y talento como Sócrates, que trazaba líneas imposibles y pasaba el balón con una precisión milimétrica. Ese día le metió un gran gol a Zoff. Le gustaba llevar una cinta en el pelo. Era un tipo grande de pies pequeños. Le apodaban El Doctor.

Tras la fiesta de las charangas en las gradas, nunca olvidaré la imagen de cientos o miles de aficionados brasileños llorando a lágrima viva al salir del estadio. Ese día comprendí que en el fútbol lo más importante es ganar.

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