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Selección española

Rubiales y la necesidad de dar un cambio de rumbo

El presidente de la Federación, tibio en la autocrítica tras un Mundial marcado por el despido de Lopetegui, tiene la misión de acometer desde ya decisiones drásticas

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En las entrañas del Luzhniki, desde ya en la lista de estadios malditos para España, y con los periodistas amontonados buscando una frase que resumiera el morrocotudo chasco de España en el Mundial, Luis Rubiales se puso ante los micrófonos y valoró el caos de la selección en Rusia, complicado desde antes de empezar y pésimo si se atiende a los resultados y a las formas. Habló con sinceridad, o al menos eso parecía, y cabe agradecer que en estos nuevos tiempos se dé la cara ante un escenario tan poco apetecible - Villar no abría la boca jamás-, pero mandó un mensaje plano, muy tibio y sin apenas autocrítica. Vino a decir aquello de que «el fútbol es fútbol» y exculpó a todo el mundo del desastre porque tampoco tenía la intención de ajustar cuentas ni de regalar titulares, pero sí que es cierto que su reflexión fue fría y poco contundente después de todo lo que se ha vivido en estas tres semanas largas de Mundial. «Estamos en un día difícil porque se rompe una ilusión, pero comienza el primer día del resto de la vida», compartió. Fue el punto y final a una exposición mediática muy voluminosa desde que asumió el cargo.

Puestos a buscar culpables, recurso bastante natural cuando se convive con la derrota, también el presidente de la Federación Española de Fútbol aparece como responsable del todo. El jefe del fútbol nacional se vio en una situación incomprensible cuando el Real Madrid anunció el fichaje de Julen Lopetegui y tomó la drástica decisión de prescindir de él como seleccionador a 48 horas del inicio del torneo, un despido que tiene mil interpretaciones en función del prisma. Si se le pregunta al propio Rubiales, mantiene que era lo más lógico, que las formas fueran pésimas, que no estaba pendiente del tema y que se iban a disparar las suspicacias durante el torneo porque es, a su entender y al de muchos, incompatible ser el técnico del Madrid (con seis jugadores entre los 23 que debían competir en Rusia) con la responsabilidad de llevar al combinado nacional sin que sus decisiones pesen en función de los colores de los clubes. Otros, sin embargo, opinan que es de una temeridad incomprensible dejar a un país sin su líder a solo dos días del inicio de un torneo de semejante magnitud, y más siendo Lopetegui tan intervencionista e intenso como es. Seguramente las dos posturas tienen su parte de razón, pero lo único cierto es que España está de patitas en la calle por haber jugado rematadamente mal al fútbol y por haberlo hecho, además, sin alma. ¿Qué hubiera pasado con Lopetegui? Nadie lo sabe, pero es innegable que su salida no benefició en nada.

Convencido de su decisión

Dicen de Rubiales que es una persona temperamental, muy directa y con poder en la toma de decisiones, a la vista está. Una vez empezó a quemar el fuego, es cierto que él no hizo nada para apagarlo, todo lo contrario, pero dice que actuó convencido y que lo volvería a hacer exactamente igual. «No me he arrepentido en ningún momento, ni me arrepiento de esa decisión ni de ninguna, porque son decisiones tomadas con responsabilidad, convicción y valores, y no era una decisión deportiva», se justificó en el estadio moscovita, justo después de lo de «el fútbol es así» y demás palabras vacías que no valían demasiado para analizar como merecía el descalabro. Efectivamente, a medida que han pasado las jornadas, el presidente estaba seguro de haber hecho lo que tocaba pese a chocar incluso con los intereses de los propios jugadores. «El Mundial era un reto inmenso, apasionante que afrontábamos con toda la energía del mundo. Y cuando aún no habíamos debutado, sucedió algo que no esperábamos. No voy a valorar los actos ni las decisiones, pero la inestabilidad nunca es buena compañera», escribió ayer Sergio Ramos, el capitán, en una carta abierta.

Como ya no se puede volver al pasado, a Rubiales, que siempre se le considerará padre del tortazo, o al menos cómplice, se le debe exigir que trabaje cuanto antes para dar un cambio de rumbo a esta Federación y, por ende, a esta selección. De entrada, tiene la misión de encontrar cuanto antes un entrenador, y la idea es anunciar su nombre esta misma semana. Se necesita a alguien con cara y ojos, que sepa qué es España y que esté capacitado para ganarse el respeto de unos jugadores que llevan muchos años juntos en Las Rozas. Y ese técnico tendrá que negociar con una renovación que se antoja más que complicada porque España no tiene ni mucho más ni nada mucho mejor de lo que se ha llevado a Rusia. Quedarán dos líderes como Ramos y Busquets, pero habrá que darle forma a la columna vertebral, dar paso a una nueva generación que tampoco invita a emociones descontroladas. Al margen del debate sobe el estilo, hay lo que hay.

También el presidente deberá resolver el tema Hierro. No tiene pinta alguna de que vaya a seguir en el banquillo y tampoco en la Federación, así que toca buscar un director deportivo o un enlace entre los despachos y la caseta. Hay que apuntar el nombre de José Francisco Molina, el que fuera portero del Atlético, entre otros.