Vídeo: ¿Quien será el próximo entrenador de la Selección Española de Fútbol?
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Mundial Rusia 2018Una España deshecha

La derrota española comenzó con el despido del seleccionador que había enderezado su rumbo los últimos dos años

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Analizar la labor táctica de Hierro seria de despistados o de interesados. A Hierro no le dieron el sueño de cualquier español, ser seleccionador; le dieron la pesadilla de cualquier español. Asombra que quienes han oscurecido el fútbol encumbrando la figura del entrenador a una especie de filósofo o gurú, hayan permitido o aplaudido el atropello que se cometió con Lopetegui. Un entrenador no es solo alguien que decide un once. Entrenar a un equipo ahora mismo es algo más complejo y supone el trabajo de meses. Pensar que cambiar de entrenador el día antes del inicio no iba a afectar a España era propio de personas que no respetan el fútbol ni el trabajo ajeno.

La entrañable historia de la selección está marcada por fallos, errores que señalaban al chivo expiatorio: el gol de Cardeñosa, el penalti de Eloy, la mano de Zubi, el fallo de Salinas, la de Arconada... Este no será el Mundial de Koke ni de Aspas, será definitivamente el Mundial de Rubiales.

La derrota en Rusia es muy grave. Es un auténtico desastre deportivo. El cuadro que tenía España por delante invitaba a la Final y se ha dejado eliminar por un equipo básico que tiene por estrella al desconocido Dzyuba y al buen Cheryshev. Eso es Rusia. Sus aficionados se abrazaban, se pellizcaban, no se lo creían. Pero España no vivió esto como una vergüenza deportiva y en algunos jugadores no se vio el ardor necesario. De su estado físico es mejor ni hablar.

España se refugió en el estilo. Un dato acompaña al partido: la selección consiguió por vez primera los mil pases en un partido de la Copa del Mundo. Pero España fue solo eso. Toque al trote, toque sin desmarques. Un toque zombi. Un toque cochinero.

No se puede solo tocar. España no tuvo nada. No chutaba, no driblaba, no rompía. No podía físicamente con una Rusia, eso sí, muy preparada. Y cuando nada tenía se tapó con el toque. Se puso el taparrabos del tiquitaca y se quedo con eso: con un engañabobos. Mil pases dio España, y con peligro a lo mejor seis. El equipo se caricaturizó.

«El estilo no se toca». De acuerdo. Pero es estilo no puede ser solo el timo de unos charlatanes. El estilo de juego exige tensión, preparación, profesionalidad, respeto y patriotismo. Porque una selección se hace también con eso, y si no miren a Uruguay.

Lo primero es España, no «los valores» de la Federación.

El Estilo ha de vigorizarse con otras cosas que en este Mundial ni se olieron. La RFEF desarrolló, incluso con Villar, una envidiable tradición de fútbol en la absoluta y en inferiores que la nueva dirección sacrificó también instalando a España en el «cojonudismo». España navegó a la deriva en un barquito llamado «MisCojones» con un atribulado Hierro al timón.

Lopetegui encarnaba el mejor trabajo federativo, el estilo saltando de la absoluta a la sub21 y de la sub21 de nuevo para renovar la absoluta; era el cambio generacional y la mejoría de estos últimos dos años. Todo eso, fuera. Era una traición al estilo, al estilo de la casa. España ha jugado al toque pero un toque postizo, de caricatura, easy listening, algo falso, de imitación. Un estilo para autojustificarse cuando faltaba todo lo demás. Lopetegui había conseguido darle tensión a la última España de Del Bosque, a la que volvimos ayer.

El problema quizás sea más profundo. En España falta una mayor vivencia de la selección y eso se reveló cuando Rubiales tomó su decisión. España perdió el Mundial del todo cuando media opinión pública admitió que se atacara deportivamente al equipo por un asunto menor. Porque la injerencia (legal y legítima) del Madrid en la vida profesional futura de Lopetegui era un asunto doméstico y secundario. Querella local. Había que mirar más alto.

Pero tampoco hay una auténtica pluralidad en el debate alrededor de la selección. La hegemonía la tienen unos pocos, siempre los mismos, que influyen en la selección con la misma perezosa desfachatez que en todo lo demás, como si fuera el Club de la Pocha. No tenemos la pasión argentina, pero tampoco su abierto debate.

Del Mundial sacamos quizás el cambio de liderazgo. Iniesta se va y emerge Isco. Un jugador que está en la élite de un modo extraño. Desequilibra o decide con dificultad pero tiene registros asombrosos. Es capaz de ser el tercer mejor regateador detrás de Neymar y Messi y a la vez estar entre los mejores en el porcentaje de pases. Eso lo convierte en un extraterrestre, en un jugador como mínimo a considerar.

Pero no ha sido suficiente, en todo caso. Queda también el liderazgo moral de Ramos, un ganador; su participación en el gol, su grito de bravura, su penalti en la prórroga, hablándole a De Gea a continuación (Ramos se ve capaz de dominar el azar de los penaltis), y quedan sus lágrimas y las de Iniesta, que consigo se lleva algo muy difícil de encontrar.

En el mejor de los casos, España mantendrá la forma de jugar, pero ya no será nunca igual. A dar pases se enseña, a ser Iniesta no. Así que «el Estilo» va a necesitar mucha más seriedad para volver a ganar o España se convertirá en la parodia de un equipo de fútbol. Porque un país que manda a ese conjunto de blandos pegapases a que le «representen» al primer torneo de planeta es un país con las prioridades invertidas por completo. El equipo de España merece mucho más.