historia

Anoeta, donde se lesionó y dirigió su último partido

j. morilla
sevilla Actualizado:

En ocasiones, el destino se empeña en que determinados lugares se conviertan en el escenario de varios momentos importantes en la vida de una persona. Es el caso de Míchel y el estadio de Anoeta, recinto donde el técnico iniciará mañana su andadura al frente del banquillo del Sevilla y que en el pasado ya albergó otros dos hitos importantes que, en mayor o menor medida, marcaron su carrera deportiva.

El primero de estos hechos relevantes en la trayectoria de Míchel se produjo hace 17 años. El 13 de diciembre de 1994, el que fuera excepcional extremo derecho se rompía los ligamentos de su rodilla izquierda en el transcurso de un Real Sociedad-Real Madrid. La bota izquierda se le quedó clavada en la hierba y la rodilla crujió. Tenía 31 años y, como suele ocurrir en este tipo de situaciones, desde el primer momento supo que algo grave había pasado. Aquel percance fue el principio del fin de su brillante etapa como futbolista. «Cada mañana, cuando me levanto, me acuerdo de ese día», bromea ahora. Siete meses después volvía a los terrenos de juego para disputar su última temporada como madridista antes de retirarse en el Atlético Celaya mexicano junto a su amigo Emilio Butragueño.

El segundo de estos acontecimientos se produjo hace relativamente poco tiempo. Fue el 21 de mayo de 2011, en la última jornada de la pasada temporada, cuando el Getafe de Míchel aseguró su continuidad en Primera división al lograr un empate a uno ante la Real Sociedad. Aquel choque fue el epílogo del técnico en el conjunto azulón, equipo al que salvó del descenso en la temporada 2008-09 y clasificó posteriormente para la Liga Europa.

Curiosamente, el regreso de Míchel como entrenador se producirá en el mismo estadio donde dirigió su último partido oficial. Está por ver si el destino sigue mostrándose caprichoso y tiene reservado para Anoeta otro momento significativo en la vida del nuevo técnico blanco.