Salva Sevilla tiene dos retos en junio: aprobar y ascender a Primera - FELIPE GUZMÁN. VÍDEO: WWW.ALFINALDELAPALMERA.COM

El aprendiz se hace maestro

Salva Sevilla no sólo da lecciones de fútbol en cada partido del Betis, sino que se prepara para ser entrenador: «El fútbol se ve más fácil desde una pizarra o la grada que desde dentro»

SEVILLA Actualizado:

La teoría y la práctica, como en tantas otras especialidades, no siempre van de la mano en el fútbol. Dibujar estrategias sobre una pizarra o pintar el aire con movimientos de ruptura poco tienen que ver en ocasiones con lo que luego se plasma sobre el césped, donde el balón no siempre responde a las leyes de la Física y el rival, o uno mismo, responde más humana que mecánicamente. En ocasiones el magisterio que se imparte sobre el terreno no se traslada a la banda. Pelé o Maradona no han sido grandes entrenadores. Hay que tener paciencia y ganas para seguir aprendiendo y eso es lo que hace quien más imaginación pone en sus pases en el Betis, un visionario del fútbol que encuentra socios en cuanto sale el balón de sus botas y que tres tardes a la semana se dedica a estudiar para ser algún día maestro. De aprendiz ha pasado a artesano y ahora aspira a maestro Salva Sevilla, que cursa el segundo nivel para entrenador, que finaliza casi a la par que la Liga. Otro examen para el almeriense.

Su deseo es aprobar y ascender. Ambas metas son posibles y en los dos caminos valora al colectivo. «Hay un gran grupo», repite tanto para sus compañeros de vestuario como para los aspirantes a técnicos que le acompañan en las calurosas tardes sobre el imperfecto césped de la Olavide. Salva, de 27 años, está siendo precoz. Le ha acompañado en su promoción gente como el ex bético Joaquín Bornes o el trotamundos José Juan Luque, que ha tenido que dejar los estudios para marcharse a jugar a la Segunda división de Hungría. Pero Salva no quiere ser entrenador. Que no tenga miedo Pepe Mel. «Me puede servir para cuando acabe el fútbol. Es una titulación. Me gusta entrenar a los niños. El año pasado llevé a un equipo alevín en Salamanca con otro chaval y me gustó la experiencia. No es lo mismo entrenar a adultos, no me veo en el puesto de Mel, puede estar tranquilo», dice entre risas.

«No me veo en el puesto de Mel, puede estar tranquilo»

El alumno Salva es especial. Despierta la atención de todos. Y se nota la diferencia, sobre todo en las clases prácticas. No falla un pase, como siempre. Y menos con balones verdiblancos, del Cedifa. «Los compañeros me ven como uno más, pero sí es cierto que los béticos me comentan muchas cosas y los sevillistas venían con la guasa cuando no ganábamos. Es normal, hay muy buena gente», dice. ¿Y los profesores? «Muchas veces me toman como ejemplo y en las clases se habla muchas veces del Betis. Cuando hay un supuesto práctico también se acuerdan del equipo. Eso sí, no hay favoritismos por ser jugador profesional, eh. Cuando teníamos partidos de Copa entre semana no podía asistir y por eso me ha quedado una asignatura para septiembre. No nos ayudan más que a otros». El nivel nacional lo deja para cuando acabe su carrera porque implica concentraciones de fines de semana, incompatibles con el Betis, desde donde recibe mucha ayuda. «Los técnicos saben que estoy en el curso. He hablado con ellos. Por ejemplo he consultado con David Gómez para algunos trabajos que he necesitado y los he contrastado con él para poder entregarlo con alguna garantía», dice.

¿Enriquecen estos estudios la visión futbolística de Salva? «Está claro que lo que nosotros vemos como futbolistas es diferente a cómo se observa el fútbol desde fuera. Gracias a esto te das cuenta. Eso sí, el fútbol es más fácil en la pizarra o desde la grada que en el campo. Si vas a un estadio, hay 40.000 entrenadores. Cada uno pondría un jugador, un sistema... Hay opiniones e ideas. Todo es respetable, pero yo que estoy dentro puedo decir que no es tan fácil como se puede ver. Los jugadores siempre vamos a intentar hacer las cosas bien y a veces no salen no porque uno no quiera, sino porque no salen».

Precisamente . Bueno, lo que puede decirse. «De jugadas econ una pizarra en la mano se atreve a desnudar el sistema de Melnsayadas no hablo, eh», bromea. Destaca los movimientos de las bandas y cómo él tiene que ocupar los espacios que dejan los mediocentros rivales a sus espaldas para generar superioridad por el centro ya que puede partir como falso interior. Además, pone el acento en la calidad del trío de vanguardia. «Con ellos todo es mucho más fácil. Me encanta participar en los goles y ver cómo se desmarcan ellos facilita mucho las cosas para los que estamos ahí buscando cómo dar el pase», continúa el almeriense.

Más de la Semana Santa que de la Feria, se queda Salva con el misterio de San Gonzalo. Su charla es tranquila y puede pasar hasta desapercibido entre tanto estudiante en la Olavide. Eso sí, lleva el peso de ser uno de los referentes del Betis. Y viste ese número 14 que significa tanto. «Yo había cogido el 6 y el 14 lo tenía Rodri, que luego cambió por el 15. En el vestuario me dijeron que el 14 lo llevaba Capi y me animaron. Lo había llevado en otros equipos anteriores y al ser el número de Capi, me decidí. Él dejó huella aquí y a ver si puedo hacer aunque sea la mitad de lo que él logró aquí. Es un número que me gusta y no pienso cambiar», asegura.

Cocinó su fútbol en El Ejido y probó experiencias en dos canteras reconocidas como las de Atlético de Madrid y Sevilla. De ahí saltó al Salamanca, donde eclosionó con una temporada para enmarcar. De él se enamoró Víctor Fernández, que fue quien le llamó para incorporarse al proyecto bético. Salva es parte de su herencia, pero ahora es de todo el beticismo a pesar de que el Córdoba estuvo a punto de llevárselo. Él lo tenía claro y sabe que el eco de su rendimiento en el Betis es mucho más fuerte. «Sinceramente, no me esperaba jugar tantos partidos pero me están saliendo las cosas y el míster confía en mí», dice el virgitano, que ve que con 27 años ya ha llegado su momento para jugar en Primera.

Para ello deben mantener la línea y la confianza ganada con los siete puntos de ventaja sobre el Celta. Salva no se confía y entiende la euforia del aficionado, sobre todo porque los mismos jugadores saltaron de alborozo en Chapín cuando concluyó el partido. «Fue una celebración efusiva, sí, porque sabemos que la distancia es importante y ya tenemos un colchón por si hay algún error. El enemigo del Betis es ahora el Betis. Si ganamos los de casa, obligaríamos al Celta a ganar ocho de nueve partidos y eso, con un enfrentamiento directo, es casi imposible. Me gustaría que ascendiéramos ante el Huesca en casa, pero las cuentas no siempre salen y tenemos que ir a por todas», afirma quien prefiere siempre jugar de mediocentro y que ya recrea el ascenso. «Tiene que ser increíble. Ya viví un poco lo que es esta afición en Salamanca con el partido en el que se jugaban el ascenso. Parecía que nosotros jugábamos fuera. Me gustaría hacerlo realidad. Es uno de los equipos más grandes de España y tiene que estar en Primera», asegura antes de pasar a la fase de atrevimiento. ¿Qué sería capaz de hacer en caso de que se cumpla el objetivo? «Me da igual. ¿Pintarme la cabeza de verdiblanco? Bueno, yo de verde sólo porque del blanco ya tengo un poco (se refiere a sus canas). Cualquier cosa que se diga en el vestuario, lo haremos».